El inmueble que albergó entre 1580 y 1767 el colegio jesuita de Tepotzotlán, cuenta con espacios de arquitectura armónica en los que es evidente la preocupación porque fueran funcionales para las actividades de la tranquila y organizada vida que llevaban los juniores, los novicios, los padres y los hermanos coadjutores en su interior. La distribución de sus espacios es la materialización arquitectónica de lo que al interior de la Compañía de Jesús se concebía como el “modo nostro”, planteamiento que tuvo su origen en la Congregación General de 1558 y en la que quedó especificado que la edificación de las casas y colegios de la orden debían ser útiles, sanos y fuertes para habitar y para el ejercicio de los ministerios…
[Texto completo]MARTÍ COTARELO MÓNICA
El culto a las imágenes artísticas, tuvo sus orígenes en Europa, durante los primeros cuatro siglos del cristianismo. Fue en ese periodo cuando la devoción a las reliquias empezó a perder terreno entre la piedad popular, pues las imágenes eran más agradables y acabaron por sustituir a los huesos y demás restos de objetos que habían poseído o usado los santos, que más que despertar la devoción, la repelían. Con el paso del tiempo, la Iglesia católica consideró que las imágenes realizadas por los artistas, eran excelentes instrumentos de apoyo para inculcar su doctrina a los iletrados. Los clérigos, inclusive, decían que “las imágenes son el libro de quienes ignoran la escritura”.
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