En 1964, al construirse la Presa Adolfo López Mateos en El Infiernillo, entre los estados de Guerrero y Michoacán, la arqueóloga autora de este libro participó en el rescate de los restos materiales de pueblos mesoamericanos en el área que sería afectada por el embalse. A raíz de ello, le fue encomendado clasificar los abundantes objetos elaborados por esos pueblos con conchas de moluscos y crustáceos ahí reunidos. Desde entonces, le entró tal gusto por ellos que elaboró un manual sobre las técnicas antiguas para producirlos, una tipología de los mismos y una obra general sobre las conchas de México. Además, ha impartido a estudiantes de arqueología el conocimiento y clasificación de dichos objetos, razón por la cual fue apodada Concha Suárez por sus alumnos. Haciendo justicia a esta fama, ha preparado este libro de divulgación general para trasmitir su visión arqueológica de las conchas usadas y trabajadas en la antigüedad. Ahora bien, como cosa “sin pero” no la hay en el mundo entero, véase primero las tachas de esta publicación para luego reparar en el beneficio que reporta su lectura.
[Texto completo]GARCÍA MORA JOSÉ CARLOS
El marco mesoamericano de la antropología es visto con desconfianza, entre otras razones, por su asociación en el pasado con el nacionalismo “oficial” (cualquier cosa que con eso quieran decir los que de él hablan) y los cacicazgos y monopolios intelectuales y administrativos de figuras hegemónicas y sus seguidores. Respecto del nacionalismo, el marco mesoamericano impulsó la antropología en la primera mitad del siglo XX, pero esta ideología tuvo infinidad de interpretaciones, desde la popular hasta la fascista. Por lo demás, la idea de Mesoamérica surgió en una antropología que daba importancia a los estudios comparativos de pueblos, sociedades y culturas de todas partes del mundo. Por ello, la civilización mesoamericana fue perfilada en el contexto del lugar que ocupaba en la evolución de la humanidad, la comparación de sus rasgos con los de otras áreas culturales y civilizatorias, y la confluencia de una diversidad de corrientes. Varias circunstancias cercaron la idea en un nacionalismo cerrado, pero Kirchhoff todavía en 1972 seguía estudiando la difusión (no influencias) de otras civilizaciones en la mesoamericana, mientras sus atónitos alumnos se resistían a dejar de considerar que lo mesoamericano fuera un desarrollo nativo.
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