Vida y obra de Avendaño y Loyola
Andrés de Avendaño y Loyola nació en Castilla1 y tomó el hábito franciscano en Burgos, capital de la provincia norteña del mismo nombre. Después vino a América, a finales del siglo XVIII, como ministro y comisario apostólico de las misiones en el Convento de la Recolección de la Mejorada en Mérida, Yucatán. Al parecer, fue en el convento franciscano donde este autor comenzó su aprendizaje de la lengua maya yucateca, así como de las costumbres y la religión indígena. Como todos los religiosos de la época, estaba seguro de que se debía conocer la lengua y la cultura autóctona para poder guiarlos correctamente, pues sin estos conocimientos era muy probable que los engañaran.
El estudio de las lenguas indígenas era indispensable para realizar una evangelización eficaz, lo mismo sucedía con la necesidad de conocer las antiguas culturas mesoamericanas, pues así podían retomarse ciertos elementos similares o compatibles con la religión católica y erradicar todo aquello que pusiera en peligro la fe de los recién convertidos. Esto llevó a los franciscanos a realizar una ardua labor educativa que estableciera los fundamentos del cristianismo entre los indígenas. Fundaron escuelas para los hijos de los nobles y gente común, donde además de impartirles la religión les enseñaban artes y oficios.2 Los franciscanos elaboraron métodos sistemáticos de conversión, entre los cuales se encontraban gramáticas, cooptación de líderes indígenas, educación de los niños y desarrollo de espacios arquitectónicos (capillas, iglesias), que servían para manipular y construir el nuevo espacio indígena dentro de los pueblos.3 En Yucatán se elaboraron importantes tratados sobre la lengua maya yucateca, como calepinos, vocabularios, diccionarios, artes de la lengua o gramáticas; de igual forma crónicas como la de fray Diego de Landa, la de fray Diego López de Cogolludo, escrita alrededor de 1656 y publicada en Madrid en 1688. Esta última debió ser fundamental para Avendaño, pues la rica información que proporciona relata la entrada de los franciscanos Fuensalida y Orbita hacia el Petén, y su encuentro con los itzáes en 1618 y 1619.
El proceso misional franciscano se caracterizó por la conversión pacífica de los indígenas a través de la persuasión moral, la predicación evangélica y las buenas obras. Los ideales de esta orden en el Nuevo Mundo los resume Antonio Rubial como:
i) la imitación de Cristo, sus apóstoles y santos, ii) búsqueda de un cristianismo más interior y puro, iii) insistencia en la vida contemplativa y las prácticas ascéticas, iv) popularización de la lectura de los evangelios y epístolas por medio de traducciones, y v) comparación de la Iglesia indiana con la primitiva, lo cual en algunos se relaciona con creencias escatológicas.4
La idea de comparar a la Iglesia indiana con la primitiva llevó a los franciscanos a retornar a un ideal cristiano prístino, y a mirar en las sociedades indígenas la “materia prima” idónea para crear la comunidad cristiana perfecta. En este sentido, ciertas nociones de las religiones indígenas que se asemejaban a rituales o creencias cristianas fueron interpretados como elementos que prefiguraban la llegada de la nueva religión; por ejemplo, el bautismo, la confesión y retomaron principalmente los augurios o profecías que desde su perspectiva anunciaban el establecimiento del cristianismo entre los indígenas. En Yucatán encontramos una serie de profecías, que según los franciscanos predecían la llegada del cristianismo. El primero que analizó estos augurios como designios de Dios fue fray Bernardo de Lizana en 1633. Debe señalarse que los textos hacen referencias específicas sobre los itzáes y la llegada de una nueva religión.5
El análisis del texto de Avendaño muestra que él se consideraba el elegido de Dios para convertir a los itzáes. El fundamento de esta conversión se basaba en utilizar las profecías indígenas y convencer a los itzáes de que había llegado el tiempo de abandonar su religión. Para llevar a cabo esta empresa, el propio autor señala que se abocó al estudio de la lengua yucateca, utilizando principalmente “sus papeles antiguos y anahtes”. Es muy probable que estos papeles fueran los libros de Chilam Balam, en donde se registra una serie de ruedas katúnicas muy similares en contenido a lo expresado por Avendaño. Están escritos en maya, pero con caracteres latinos, es muy factible que se basaran en la tradición oral y en códices. La mayoría de éstos fueron escritos en el siglo XVII, aunque pueden encontrarse ejemplares de este siglo; también es posible que el autor retomara las profecías analizadas por Lizana en su obra.
Los anahtes, según las descripciones de Avendaño, fueron códices escritos con glifos mayas, que él fue capaz de entender. Además se había dedicado al estudio “del estilo antiguo con que ellos [los itzáes] hablan”, se puede decir que el itzá es una variante dialectal del yucateco. Avendaño puso especial interés en la concepción cíclica del tiempo y el contenido de las profecías katúnicas, ya que con éstas intentó convencer a los itzáes de que había llegado el tiempo de que fueran cristianos, de hecho escribió un “tratado de estas cuentas antiguas, con todas sus diferencias y explicaciones”, que desafortunadamente está perdido.
Avendaño asumió un papel protagónico en relación con estas profecías y en la conversión de los itzáes, lo cual se refleja a lo largo de su relato narrativo y discursivo; por ejemplo, en la crónica “Relación de las dos entradas que hize a la conversión de los Gentiles Ytzaex y cehachez, 1696”6 objeto de este estudio, y se puede decir que el sentido global del texto va encaminado en gran parte a engrandecer las acciones del autor y hace patente su actuación por mandamiento divino; es decir, señala que actuó inspirado y protegido por la Divina Providencia, de esta manera el relato intercala lo real y lo milagroso.
En 1705, continuó sus indagaciones sobre la lengua y cultura indígenas, llegando a elaborar los siguientes manuscritos:
1. Diccionario de la lengua de Yucatán.
2. Diccionario abreviado de los adverbios de tiempo y lugar de la lengua de Yucatán.
3. Diccionario de nombres de personas, ídolos, danzas y otras antigüedades de los indios de Yucatán.
4. Arte para aprender la lengua de Yucatán.
5. Diccionario botánico y médico de Yucatán.
6. Explicación de varios vaticinios de los antiguos indios de Yucatán.7
El contexto social que enmarca la relación
La relación que es objeto de este estudio, trata del esfuerzo de reducir pacíficamente al señorío itzá. Los itzáes se localizaban en el Petén, y estaban estrechamente relacionados con los mayas yucatecos. Según los libros de Chilam Balam, ellos llegaron a Yucatán entre 987- 1250 a.C. y fundaron las ciudades de Chichén Itzá y Mayapán, al parecer por problemas políticos internos este grupo fue expulsado de Chichén ltzá hacia 1100 d. C., y una parte emigró hacia Tayasal en el Petén.
Desde que se inició la Conquista española el área del Petén se convirtió en una zona de refugio para los mayas peninsulares que huían de los rigores de la Conquista y, después, de los abusos del sistema colonial, como: del pago combinado de tributos a los encomenderos, a la Corona y a los religiosos, y de la imposición de repartimientos, desde finales del siglo XVI, por parte de los gobernadores. Los itzáes se convirtieron en promotores de la resistencia cultural y política de los mayas yucatecos, al parecer desde Tah Itzá, capital de los itzáes, se difundían profecías katúnicas que desarrollaban y exacerbaban los sentimientos antiespañoles y levantamientos indígenas; ejemplo de esto fue el levantamiento de los indígenas de Sahcabchén a mediados del siglo XVII. Un documento señala al respecto lo siguiente:
La causa más principal de haberse ido [más de 500 indios del pueblo de Sahcabchén] es el haberlos amenazado los indios de la montaña, diciendo es llegado el tiempo de que salgan de entre los españoles según su profecía de ellos. Han llevado mucha cantidad de indios de diferentes partes y han pasa- do mucha gente para los montes, muchas escopetas con prevención algunos de pólvora y balas, a que es menester poner remedio en que los indios no las tengan […]8
El establecimiento de pueblos independientes en la zona sureste de la península, bajo la esfera de control del señorío itzá, preocupó enormemente a las autoridades coloniales, ya que éstas desafiaban abiertamente el orden colonial. Además, el hecho de que una enorme población indígena huía hacia dichas zonas afectaba la estructura económica de la provincia que mayoritariamente subsistía gracias a la mano de obra indígena. De aquí que hubiera gran cantidad de quejas de los encomenderos, puesto que muchas veces pueblos enteros huían hacia las zonas de refugio. La existencia de los itzáes reforzaba prácticas y creencias religiosas en los pueblos de encomienda, supuestamente convertidos, por lo que también había reclamos continuos de los religiosos sobre el regreso a estas prácticas idolátricas. Durante todo el siglo XVII y hasta su conquista, la presencia de los itzáes fue tan amenazante que franciscanos como Lizana y Cogolludo llegaron a proponer entradas militares para reducirlos:
Y si pacificada la tierra de la bahía de la Ascención, hubiese comodidad de pasar adelante, y llegar á la de los indios Ytzaes, que es en tierra firme de esta provincia, entre ella y la de Vera-Paz y Tabasco, pudiese entrar en ella a reducirlos, por ser tan perniciosos con su vecindad, no sólo viviendo ellos en su infidelidad y idolatría, pero recogiendo a muchos bautizados, que de esta provincia se huyen a ellos a vivir en sus ritos y ceremonias gentílicas, y los encomendase, según el capítulo antecedente. Con tal que esta pacificación la hiciese en todo el año de seiscientos y dos, por la brevedad necesaria en atajar el daño referido.9
Las autoridades coloniales intentaron realizar algunas acciones militares y religiosas en los pueblos de indios independientes, castigar a los indios “idólatras” con entradas militares y religiosas para convertir a los itzáes.
En 1618 los padres franciscanos Bartolomé de Fuensalida y Juan de Orbita salieron de Mérida rumbo al Tipú, para realizar la conversión de los itzáes y sus vecinos. Lograron llegar a Tayasal y entrevistarse con el gobernante Itzá, Can Ek, y otros principales, pero el padre Orbita rompió una de las deidades más importantes llamada Tzimin Chaac, y tuvieron que salir de Tayasal.10 Posteriormente se organizó una entrada militar hacia el Petén (1622) bajo el mando del capitán Francisco de Mirones acompañado por fray Diego Delgado. Este último se separó de la expedición por diferir con las políticas del capitán, lléndose a Tipú donde pasó a Tayasal. Los itzáes mataron a los soldados españoles que lo acompañaban, a los indios del Tipú que iban como guías y al propio fray Diego Delgado. Más tarde, Mirones, sus soldados y otro sacerdote fueron asesinados por mayas leales a los itzáes en Sacalum.11
En 1686 se decretó una Real Cédula en donde se pedía la reducción de los indios gentiles al orden temporal y espiritual de la Corona, principalmente aquéllos situados entre Yucatán y Guatemala. Se puede decir que en respuesta a esta cédula hubo un nuevo intento por pacificar a los itzáes y grupos vecinos, como a los lacandones y choles. Esta expedición partió de Guatemala, con tres contingentes que saldrían de Verapaz, Chiapas y Huehuetenango simultáneamente, impulsada por el presidente de la Audiencia de Guatemala, Jacinto de Barrios Leal. En dicha entrada participaron frailes dominicos como fray Agustín Cano, así como padres mercedarios.12 Mientras tanto, en 1694 era nombrado Martín de Urzúa y Arizmendi como gobernador interino de Yucatán, quien desde el principio se interesó en la reducción de los itzáes, indios huidos y apóstatas. Urzúa planteó al rey la conversión y reducción de los indios infieles y apóstatas que se encontraban entre Yucatán y Guatemala, y propuso al mismo tiempo la apertura de un camino entre ambas provincias, lo que facilitaría la reducción de estas poblaciones y aumentaría el comercio y la comunicación entre ellas. La Corona le concedió a Urzúa las ordenanzas y cédulas necesarias para llevar a cabo la apertura del camino hacia Guatemala y la conversión de los indios infieles, para realizar esta labor se pidió al Provincial franciscano en Yucatán que proporcionara misioneros. El gobernador interino mandó entonces al capitán Alonso García de Paredes que conformara una tropa y marchara a ponerse a las órdenes de Barrios Leal; asimismo debía ir abriendo el Camino Real hasta que se encontrara con las tropas de Barrios Leal. Entre 1695 y 1697 encontramos el avance español sobre el territorio itzá, desde dos flancos, que finalmente llevaría a la Conquista de este grupo.
En mayo de 1695, Martín de Urzúa pidió al Provincial franciscano misioneros que acompañaran a las tropas, para este fin se asignó a fray Andrés de Avendaño junto con otros cuatro franciscanos, quienes salieron el 2 de junio de Mérida, con la consigna de sus superiores de contactar con los itzáes. Los franciscanos en Yucatán querían garantizar ante todo que su orden llevaría a cabo la conversión de los itzáes y, con ello, impedir las pretensiones que sobre esta misma empresa pudieran tener el clero secular o los dominicos.
a) Las embajadas itzáes
En este trabajo no me propongo analizar la política de los itzáes, sin embargo señalaré algunos aspectos centrales de ésta para entender mejor los sucesos en que se vio involucrado Avendaño. Los itzáes no estaban al margen de lo que sucedía en Yucatán, puesto que tenían noticias acerca de todo lo que acontecía gracias a su relación con los indios huidos y con los pueblos de encomienda. Al parecer, la dinastía gobernante de los Canek13 implementó una política de reconocimiento para medir las fuerzas de sus contrincantes o para tratar de encontrar una salida política que los favoreciera. En este contexto, se podrían ubicar algunas embajadas que enviaron los Canek a Mérida; la primera de estas embajadas la describe Cogolludo en los siguientes términos:
Los indios itzaes (de quien se ha tratado y tratará, no sin dolor de que estando tan vecinos se estén en las tinieblas de su gentilidad) vinieron en tiempo de este gobernador [Antonio de Figueroa, 1612-1617] a la ciudad de Mérida, diciendo era a dar obediencia al rey, y el gobernador en su nombre les dio varas de alcaldes, y nombró regimiento, con que se volvieron, entendiéndose que ya estaban voluntariamente sujetos; pero vióse después ser engaño.14
Después de la llegada de esta embajada (1618) se decidió enviar a los padres fray Juan de Orbita y Bartolomé de Fuensalida para que redujeran a la fe católica a los Itzáes. Este primer intento fracasó debido al excesivo celo del padre Orbita, quien destruyó la principal deidad de los itzáes. Finalmente, Canek les dijo que todavía no había llegado el tiempo profetizado por sus sacerdotes para que dejaran la adoración de sus dioses, y que se encontraban en un katun Ox Ahau, mismo que no era el que tenían señalado.15 Posteriormente en 1619, los mismos frailes visitaron a los itzáes y en nombre del gobernador aparentemente capitularon con Canek que él se quedaría “con el cacicazgo y su gobierno” y que nombrarían un cabildo indígena. Es interesante notar que los frailes le aseguraron a Canek que él sería el gobernante principal, si mostraba obediencia al rey de España. Al parecer los frailes habían logrado convencer a Canek para que aceptara la dominación española, pero facciones políticas contrarias lo hicieron retractarse y expulsar a los frailes haciéndoles saber que los itzáes no querían ser cristianos.16
En 1695, tenemos el avance de las expediciones españolas hacia el Petén y los intentos por reducir a los choles del Manché y a los lacandones. Una de las expediciones que partió desde Guatemala, se dividió en dos frentes: uno bajo el mando de Jacobo de Alzayaga y otro bajo las órdenes del oidor Amézquita. Este último mandó al capitán Juan Díaz de Velasco con varios hombres y dos sacerdotes en una avanzada hacia el Petén y todos fueron sorprendidos por los itzáes, quienes murieron a manos de éstos.17 Los itzáes sabían que los españoles empezaban a cercarlos y que sus armas eran superiores a las suyas, a pesar de esto intentaron no rendirse, por lo que siempre enfrentaron a los españoles. Es probable que la inminencia del avance español llevara a Canek, y a algunos de sus seguidores, a tratar de encontrar una solución que frenara la entrada de los españoles a su territorio o al menos que les permitiera negociar una salida y les asegurara el poder político.
En el mismo año el alcalde de Bacalar, Francisco de Hariza y Arruyo, envió a un embajador maya con una carta y un regalo de parte del gobernador Martín de Urzúa, en donde le pedía al gobernante itzá que capitulara pacíficamente. Según el embajador indígena enviado por Hariza, Can Ek le había dicho que se entregaría pacíficamente con 80 000 indios.18 En relación con esta favorable respuesta de Can Ek, se envió a Avendaño y Loyola para tratar de realizar la conversión pacífica. El fraile llevaba una misiva de Urzúa dirigida al gobernante itzá, pero cuando éste leyó la misiva a los itzáes no entendieron nada de lo que les decía. Al margen de la crónica, Avendaño escribió “y es porque no habían enviado la embajada que suponía la carta del gobernador”.19 Esto puede significar dos cosas: Hariza inventó la supuesta embajada y la respuesta favorable de Can Ek, o éste no hizo público lo que habló con el embajador de Hariza.
En septiembre de 1695 llegó a Mérida una embajada de indios del Tipú encabezada por el sobrino de Can Ek llamado Ah Chan. Avendaño habló con ellos e inclusive comió con ellos en su celda.20 Esta embajada no regresó al Tipú, sino que en diciembre de ese mismo año se volvieron a presentar como una embajada enviada por Can Ek para entregar la sumisión de los itzáes. Avendaño siempre impugnó que esta embajada era falsa, ya que el gobernante de los itzáes siempre le demostró confianza y jamás le habló de su sobrino ni de ninguna embajada. Es obvio que el fraile intentaba descalificarla pues a su regreso a Mérida el esfuerzo que había realizado para la conversión pacífica de los itzáes aparecía como inútil, dado que existía una embajada directamente enviada por Can Ek, que daba su sumisión pacífica. En un interrogatorio realizado después de la conquista de Tayasal se le preguntó a Can Ek con respecto a la embajada y reconoció que la había enviado con el conocimiento y aceptación de los gobernantes de las otras parcialidades del Petén.21 Sin embargo, pienso que Can Ek envió esta embajada y realizó otros acercamientos con los españoles, sin consultárselo a los caciques de las otras parcialidades, pues sabía que se opondrían a sus planes.
Estos intrincados, vínculos del gobernante itzá con los españoles están en íntima relación con cambios y disturbios internos en la organización política del Petén. Es muy posible que fueran Can Ek y sus seguidores los que trataran de acercarse a los españoles para que les aseguraran el poder político, y así ampliar sus redes comerciales. Lo cual explicaría, en parte, por qué cuando Avendaño leyó la misiva de Urzúa nadie entendió a qué se refería; si esta idea es cierta, Can Ek seguramente tuvo también que fingir no saber nada sobre la embajada de Hariza.
La aceptación de la embajada itzá por parte de Martín de Urzúa, molestó a Avendaño quien al final de su crónica hace patente su disgusto hacia el gobernador, haciéndole notar que se había dejado engañar por una delegación falsa.22 La embajada itzá disminuyó el trabajo y los esfuerzos del fraile por convertir pacíficamente a los itzáes, ya que ésta había dado el “sometimiento” del gobernante itzá y su pueblo, antes de que él llegara a Mérida.
La relación de Avendaño y la crónica religiosa franciscana
La obra de Avendaño, describe dos entradas que hizo para efectuar la conversión de los itzáes, se trata por lo tanto de un relato de hechos vividos por él y escrito poco tiempo después. En esta relación hace exhaustivas descripciones de la geografía de la región, la botánica, religión, organización social y política de los itzáes. Utiliza los nombres en maya yucateco para denominar flora y fauna locales, así como accidentes geográficos, ríos, aguadas y lagunas.
En la rica descripción “etnográfica” que proporciona la relación de Avendaño podemos analizar el discurso que elabora el cronista y el sentido del mismo. La función performativa de esta disertación tendrá para mí dos puntos principales: 1) la propia actuación de Avendaño y de la orden franciscana como elegidos para convertir a los itzáes, y 2) las ideas sobre la historia indígena (profecías) y su manipulación para la conversión.
En este sentido puede situarse en un contexto más general en cuanto una narrativa discursiva23 elaborada por los cronistas franciscanos. El discurso franciscano está impregnado de ideas providencialistas, escatológicas y de imitación de la figura de Cristo y sus apóstoles, a través de las cuales se intentó interpretar la historia cíclica indígena, así como la idea de que eran ellos los “elegidos” para convertir a este grupo al cristianismo. Un ejemplo de esto es la Historia de Yucatán, escrita por fray Diego López de Cogolludo, donde relata la entrada de los padres Fuensalida y Orbita en 1618 al Petén, y su descripción es muy similar a lo que escribió Avendaño. Es decir, los padres misioneros aparecen en ambos relatos como soldados de Cristo, dispuestos al martirio con tal de lograr la conversión de los infieles; así, gozan del favor divino y son objeto de acciones milagrosas, por las cuales logran generalmente salvar la vida. Como se ha dicho, aparecen entonces como los elegidos de Dios para realizar estas conversiones y también reinterpretan con su propia visión providencialista las profecías indígenas. El objeto de su acción obviamente son los indígenas no convertidos, en este caso particular los itzáes, por lo que también dentro de su discurso se puede establecer las ideas que sobre este grupo y sus gobernantes tenían los frailes franciscanos.
El relato sobre las entradas de Avendaño
En la primera entrada relatada por Avendaño, él junto con otros cuatro padres franciscanos, un religioso lego, dos donados y diez indios cantores y sacristanes, acompañaban a los soldados que iban abriendo el camino entre Yucatán y Guatemala, bajo las órdenes del capitán Alonso García de Paredes; esta primera expedición salió de Mérida el 2 de junio de 1695. La crónica inicia con una exaltación al gobernador interino, Martín de Urzúa, por haber emprendido la apertura del camino entre Yucatán y Guatemala, sufragando los gastos de los religiosos, así como de los diez indios que los acompañaban. Esta imagen glorificada del gobernador se irá transformando en el discurso de Avendaño, hasta llegar finalmente a descalificar su actuación. La oposición en la narrativa se entiende por el desarrollo de los sucesos anteriormente descritos, en los que el autor de la crónica y el gobernador entraron en conflicto.
El relato elaborado por Avendaño sitúa la conversión de los itzáes como una cruzada, en la que él mismo jugará un papel decisivo al ser el “elegido” para convertirlos. La idea de una cruzada sin armas, más que las armas evangélicas en contra de los infieles, se expresa claramente en el párrafo siguiente:
Los verdaderos atletas de Cristo e hijos del humilde Serafín Francisco, cuanto fieles capellanes de su majestad católica, se alistasen como se alistaron debajo de la bandera de Cristo, cargando cada uno las Armas Evangélicas y a la destrucción de las municiones Diabólicas que bruman aquellas almas de tanta infinidad de infieles, como habitan aquellos incultos montes.24
En esta entrada los soldados García de Paredes y los indios mercenarios se dedicaron a asesinar y a despojar los bienes de los indios huidos e infieles, aunque éstos no presentaran resistencia alguna. El fraile le recordó a García de Paredes lo que decían las reales cédulas al respecto, haciéndole notar que no podían predicar una cosa y hacer otra. Sin embargo, la avaricia del capitán y sus huestes se manifestó a lo largo de la campaña, al igual que su desobediencia, pues a pesar de que Avendaño le pidió que antes de entrar a los pueblos hiciera el requerimiento, éste siempre entró sin prevenirlos para poder quitarles sus pertenencias. Además, García de Paredes se llevaba a los indios infieles y huidos a los pueblos de su encomienda dejando a los franciscanos sin indios que catequizar.
Estas confrontaciones llevaron a Avendaño a tomar la resolución de regresar a Yucatán e informar a su Provincial los problemas suscitados por el capitán, y solicitarle al mismo tiempo la entrada al Petén por otro rumbo. El Provincial negó el permiso y tuvieron que regresar a Mérida el 17 de septiembre de 1695, donde estuvieron hasta el 4 de octubre de ese mismo año. En el tiempo que permaneció Avendaño en Mérida llegó la embajada del sobrino de Can Ek, Ah Chan, que en diciembre declararía la obediencia de los itzáes por mandato de su tío. Se ha mencionado los efectos causados por esta embajada para los logros de Avendaño y su Orden.
La segunda entrada de Avendaño se dio a partir de la embajada enviada por el Alcalde de Bacalar, Francisco de Hariza, al Petén, con la supuesta respuesta favorable de Can Ek; Avendaño lo explica en los siguientes términos:
me volví a la provincia a donde estuve hasta el día cuatro de octubre en que por noticias había escrito, un español vecino de la villa de Bacalar llamado Francisco de Hariza al gobernador [de] como la nación de los gentiles itzaes que por todos los de guerra eran ochenta mil indios, a una embajada casual que les envío, de que si querían ser amigos de los españoles y abrazar la fe de jesucristo; diré que sin óbice alguno le respondieron que si[…].25
El gobernador Martín de Urzúa le pidió al Provincial de los franciscanos que designara padres para llevar a cabo la conversión pacífica de los itzáes; Avendaño y Loyola fue encargado de dirigir esta misión junto con otros tres padres franciscanos, un hermano donado y cuatro indios cantores. Este fraile llevaba una carta de Urzúa dirigida a Can Ek, la cual hablaba sobre la aceptación de su sumisión y conversión; carta que, como ya mencioné, nadie pareció entender pues no sabían de ningún embajador enviado por los españoles, ni de ninguna respuesta del gobernante itzá a esta embajada.
Los religiosos llegaron primero a la provincia de Chakan Itzá, que al parecer estaba en pugna con Can Ek. Las profecías katúnicas, (véase más adelante) estaban relacionadas con un cambio político interno, se puede percibir este conflicto interno en la forma en que los chakan itzáes trataron a los frailes. Estos últimos para ganárselos llevaban cosas de Castilla como machetes y cuchillos, instrumentos de alta estima entre los indígenas del Petén; otra estrategia fue el ofrecimiento de aumentar el comercio, y también utilizaron sus propias profecías para convencerlos. Al parecer Can Ek y sus allegados querían aprovechar los ofrecimientos de los españoles para quedarse en el poder, pero los caciques de las otras parcialidades, principalmente los couohes, se oponían a este sometimiento de los itzáes. En dos ocasiones, cuando Avendaño estaba en el Petén y había obtenido supuestamente una respuesta favorable de Can Ek y otros caciques para convertirse al cristianismo y dar obediencia al rey español, ocurrieron dos alzamientos en contra del gobernante itzá y de su política con los españoles. Los itzáes que no estaban conformes con esta política dijeron lo siguiente:
que de que les había de servir la amistad de los españoles y su ley, que si era por tener hachas y machetes para sus labranzas que hasta allí o entonces no les había faltado con que milpear; y que si era por los géneros y ropa de Castilla para vestirse; que cuando ellos necesitaban de nada de eso, por que lo tenían ellos muy bueno; que si era por que los españoles los defendiesen; que cuando se acobardo la nación itzalana, ni se humilló a ninguno, teniendo ellos tanta gente de armas para su defensa y para arruinar a cuantos a ellos se atreviesen que era muy mal hecho el admitirlos [a los españoles].26
En el discurso de los itzáes contrarios a Can Ek, encontramos elementos de una aguda ironía, principalmente en sus respuestas al discurso elaborado por el fraile en relación con sus profecías. La oposición de los couohes fue una de las principales causas del fracaso de Avendaño, pues lo único que pudo obtener de Can Ek y sus seguidores fue la promesa de que a su regreso en cuatro meses se volverían cristianos. Sin embargo, ante la amenaza de que los couohes matarían a los frailes cuando pasaran por su territorio, éstos tuvieron que huir ayudados por Can Ek y sus familiares. Después de un penosísimo viaje en el que Avendaño estuvo a punto de morir, llegó a Mérida para encontrarse con la embajada itzá, con lo cual los logros de su misión se vieron reducidos, pues lo único que él había logrado era la promesa de que se convertirían en cuatro meses, mientras que la embajada itzá estaba dando su acato en ese momento.27 Al final de su crónica Avendaño subrayó que esta delegación era un fraude y que los itzáes sólo habían pensado en dar su sometimiento y volverse cristianos cuando él los convenció de que había llegado el momento para que se convirtieran, pues así estaba escrito en sus profecías. Seguramente, Avendaño experimentó una profunda frustración pues su papel en la conversión se vio disminuido finalmente, además la elaboración de su discurso y su trabajo misional no culminó con la conversión pacífica de este grupo.
El papel de Avendaño en la conversión de los itzáes
Como he señalado, respecto al papel de Avendaño en la conversión de los itzáes es central y hasta cierto punto exagerado en su discurso. En primer lugar, enfatiza la preparación a la que se sometió por años para realizar la conversión; por ejemplo, señala que aprendió la lengua itzá mediante papeles antiguos, así como su religión y principalmente el desciframiento de las profecías. En lo que respecta a la lengua sobre la que constantemente señala que tuvo que estudiar, podemos observar a través de los ejemplos que da el propio autor que los itzáes hablaban maya yucateco. Este grupo hablaba una variante dialectal de esta lengua, por lo tanto no creo que Avendaño necesitara un estudio muy profundo para poder comunicarse con ellos.
También señala el fraile, en una parte de su crónica, que conocía los ídolos de los itzáes gracias a la lectura de los códices y se puede decir que las deidades descritas por él también eran conocidas entre los indígenas de Yucatán:
En el instante que desembarcamos y vi dicha columna y carátula vine en el conocimiento de ello, por que ya lo tenía yo leído en sus papeles antiguos y visto en los anahtes […] Por los cuales instrumentos, sabía yo como se alaban en dicho Petén [un] ídolo de Yaxchecab, el de Cocalunut, el de Tzimin Kauil […].28
El autor hace notar constantemente su amplio conocimiento acerca de la religión indígena y en especial de las profecías, y enfatiza que él podía leerlas en los códices y papeles antiguos. Aquí también se puede observar cierta exageración y manipulación, pues se sabe que existía una tradición de los franciscanos en Yucatán por retomar y reinterpretar estas profecías. Avendaño utilizó esa práctica franciscana como una de las principales tácticas para la conversión de los itzáes, lo cual no significa que no hubiera estudiado la religión y los augurios indígenas, sino que al parecer exageró este conocimiento para establecer las bases de sus logros misionales; es decir, él se adjudicaba que sabía más sobre las profecías y los calendarios que el propio Can Ek y los sacerdotes, y por esta razón había logrado convencer a los indígenas de que era el tiempo en que debían ser cristianos. Avendaño se caracteriza en su discurso y en sus acciones como un posible mártir en el cumplimiento de su labor misional, asimismo como el elegido de Dios para dar cumplimiento a las predicciones indígenas:
Yo soy el dichoso que da cumplimiento a vuestras profecías de que habeís de ser cristianos […] sólo hombres como yo, a quienes con todo gusto vengo de propósito a buscar, sólo por el amor que a sus almas tengo y más habiéndolo conseguido para anunciarles la ley del Verdadero Dios que me envía […].29
La acción performativa de este discurso tenía dos funciones principales: por una parte convencer a los Itzáes de que él era el instrumento del Dios verdadero para que se convirtieran al cristianismo; es decir, él se convertía en el instrumento que hacía ciertas sus propias profecías. La otra parte debía persuadir a la sociedad colonial yucateca de que él y la orden franciscana habían logrado la cristianización del último grupo de gentiles, por ser elegidos de Dios, pero también por su esfuerzo y trabajo de evangelización. Hasta aquí he señalado varias veces que el discurso de Avendaño no produjo los resultados que él hubiera deseado, puesto que no pudo lograr una reducción pacífica de los itzáes a través de sus métodos misionales; finalmente los franciscanos perdieron sus derechos a las nuevas misiones, quedándose éstas en manos del clero secular.
Profecía e historia cíclica: dos visiones encontradas
La visión franciscana
El tema de las profecías indígenas que anunciaban la llegada de los españoles y el cristianismo en Yucatán, se menciona por primera vez en la obra de fray Diego de Landa. Después, fray Bernardo de Lizana profundizó más sobre estos augurios, él fue el primero en mencionar los nombres de los sacerdotes indígenas que habían dado los presagios, así como en haber escrito el texto en maya y la interpretación en español. Autores como Cogolludo y Villagutierre retomaron las interpretaciones en español hechas por Lizana y las incluyeron en sus respectivas obras. Éstas, llamadas profecías indígenas, fueron entendidas por los franciscanos y reinterpretadas a través de una visión providencialista y de difusión del evangelio, es decir, se retomaron como designios de Dios mediante los cuales se les había dado a entender a los indígenas la llegada del cristianismo:
Muy estraña cosa será para algunos que los indios sacerdotes de los Idolos profetizassen la venida de la Fe y nueva ley, como adelante se vera: más no se deve estrañar, pues Dios Nuestro Señor por sus divinos secretos puede dar espiritu de profecia a qualquiera, aunque sea gentil, o permitir que el demonio diga como enemigo que es, y principe de la mentira algunas vezes verdad […].30
Versiones similares a las profecías citadas por Lizana, aparecen en los libros de Chilam Balam de Chumayel, Tizimín y Maní. Según Ralph Roys, el contenido de estos augurios está ligado al regreso de Kukulkan .31 Un aspecto importante en estos textos es que se menciona continuamente a los itzáes, su pérdida de poder político y la llegada de una nueva religión. Estos aspectos fueron retomados por los frailes para legitimar su proyecto evangelizador. En relación con el contexto anterior Avendaño elabora la parte medular de su discurso de conversión para los itzáes y por esta razón el autor trata de resaltar y hacer notar sus capacidades para entender e interpretar las profecías indígenas. Los párrafos que cita Avendaño referentes a las profecías son muy similares a los textos incluidos en la obra de Lizana:
yo soy el dichoso que da cumplimiento a vuestras profecías de que habeís de ser cristianos, cuyo bien os vendrá por vía de unos barbados del oriente y que según esas señas de sus profetas éramos nosotros; por venir de la banda del oriente muchas leguas, surcando mares sin más interés que llevados del amor de sus almas llevándoles [a costa de muchos trabajos] aquel beneficio que el Verdadero Dios les hacía.32
En varias partes del relato, Avendaño señala que les habló a los itzáes, incluido Can Ek, y a los cuatro principales de las parcialidades acerca de sus augurios y de cómo había llegado el tiempo de que fueran cristianos. Pero cuando les preguntaba al respecto los itzáes siempre le respondían cato uale, que significa “después”. Un poco exasperado Avendaño los volvía a cuestionar hasta que finalmente el señor Can Ek le preguntó qué era lo que quería saber, y éste le contestó que deseaba saber si querían ser cristianos y amigos de los españoles, según lo tenían profetizado sus propios sacerdotes. Esto muestra que en realidad los itzáes no entendían lo que el fraile les estaba proponiendo; uno de los principales caciques llamado Couoh le contestó que no entendía las profecías a las que se refería. Es claro que el marco de interpretación de Avendaño sobre estos textos no correspondía con la visión indígena, lo cual se refleja en la respuesta del cacique Couoh al cuestionamiento del fraile: “y que importa que se haya cumplido el tiempo de que seamos cristianos, sino se le ha gastado a mi lanza de pedernal, esta delgada punta que tiene”.33
Lo anterior señala que la visión sobre la historia indígena en realidad había sido amoldada a los patrones culturales y a las necesidades de evangelización de los propios frailes, por lo que éstos nunca pudieron entender el significado real que los indígenas le daban a su historia; por ejemplo, los religiosos dejaron de lado la relación que existía entre la concepción cíclica del tiempo y la organización política de los itzáes.
La visión indígena
Los mayas tenían una concepción lineal y cíclica del tiempo, ambas formas de entender el tiempo coexistían, aunque podemos apuntar que la concepción principal fue cíclica. El tiempo lineal entre los mayas se relaciona con el poder político de los gobernantes, el recuento de sus hazañas y sus genealogías. Pero como acertadamente lo indica Farriss,34 el tiempo cósmico será el elemento dominante e incluirá y subordinará al tiempo histórico. En tanto el tiempo cíclico estaba estrechamente vinculado con las profecías. Podemos señalar que existían cuatro tipos de augurios: pronósticos de los días, profecías del año o profecías túnicas, profecías katúnicas, profecías sobre el regreso de Quetzalcóatl (Kukulkan);35 estas últimas, al parecer fueron las que los franciscanos retomaron y reelaboraron.
Las predicciones katúnicas así como las túnicas se presentaban en ruedas cíclicas. Es decir, la rueda katúnica consiste en una secuencia de trece periodos de veinte años que se repiten en forma recurrente; un katún con el mismo nombre volvía a repetirse aproximadamente después de 256 años. Cada katún tenía una “carga”, conformado por una serie de eventos característicos, los cuales volvían a sucederse cada vez que se repetía ese periodo. Las profecías katúnicas contienen elementos históricos y proféticos: históricos en tanto que hablan de personajes reales y sucesos como la caída de ciudades, migraciones, conquistas, traiciones políticas, etc. Son en general proféticos en tanto que los sucesos de cada ciclo son estructuralmente similares.
En los libros de Chilam Balam, se encuentran profecías túnicas y katúnicas, estas últimas íntimamente relacionadas con la historia de los itzáes. Podemos decir que los principales acontecimientos históricos relacionados con este grupo se presentaban ya sea en un katún 4 Ahau o en un katún 8 Ahau. En forma general, podemos señalar que en un katún 8 Ahau los itzáes emigran a otra parte o son removidos de sus ciudades por problemas políticos internos; mientras que en un katún 4 Ahau se vuelven a establecer o retoman de nuevo el control de su territorio. Lo cual tiene gran importancia para entender los eventos previos a la conquista de los itzáes en 1697.
Al parecer, la dinastía de los Canek había reinando por un periodo de 256 años, desde el comienzo de un previo katún 8 Ahau. La inminencia de un nuevo Katún 8 Ahau, nos habla de un cambio político interno y muy posiblemente de un desplazamiento del grupo. Según la descripción del propio Avendaño sobre la organización política de los itzáes, podemos observar que existían cuatro parcialidades con sus propios caciques que las gobernaban, y éstos a su vez tenían bajo su mando a otros principales de menor rango. Can Ek aparece como una figura que centraliza el poder, pero aparentemente éste será simbólico. Por lo que señala el autor, el gobernante itzá tenía que consultar a los caciques de las otras parcialidades en relación con las cuestiones políticas y al parecer ya existía un fuerte enfrentamiento entre él y la parcialidad de los chakan itzáes, dirigida por el cacique Couoh. Como lo he indicado, es posible que ante los acontecimientos que se avecinaban Can Ek estuviera buscando el apoyo de los españoles y el reconocimiento de éstos para quedar como único gobernante de los itzáes, a lo que se oponían principalmente los chakan itzáes. En este sentido, la interpretación de las profecías katúnicas de Avendaño pudo haber tenido importancia para los planes de Can Ek; la intención de utilizar a los españoles para librarse de los chakan itzáes y evitar un cambio político que al parecer ya era incuestionable, se puede ejemplificar en el siguiente párrafo: “y juntamente haber dicho el Rey [Can Ek], que como le degollasen a su enemigo el cacique Couoh con todos sus secuaces [que ad sumun serán de sesenta a setenta] entregará él los petenes que e están a su cargo”.36
Posteriormente a la visita de Avendaño, los itzáes se levantaron en contra de Can Ek por haber pactado la paz con los españoles e impidieron la entrada de una partida de españoles bajo las órdenes de Pedro de Zubiaur que iba desde Yucatán al Petén, además mataron a casi todo el grupo y al fraile franciscano que los acompañaba en la laguna.37 Con este hecho inició la conquista armada que culminaría con la desaparición del último señorío maya independiente; sin embargo esta conquista no implicó la dominación de los itzáes, pues la gran mayoría huyeron hacia las montañas conformando cinco provincias con sus respectivos gobernantes y sacerdotes.38 Estos pueblos continuaron siendo durante el siglo XVIII centros de resistencia cultural y política.
Conclusión
El discurso elaborado por Avendaño para lograr una conversión pacífica de los itzáes, estaba basado en una interpretación franciscana de las profecías, entendiéndolas como señales de la Divina Providencia que anunciaban la conversión de los indígenas; pero esta interpretación dejaba de lado las profecías katúnicas relacionadas con los cambios políticos y la historia de los Itzáes. A pesar de la importancia que Avendaño le dio a estas profecías no tuvo el alcance deseado, ya que los itzáes no se convencieron de su interpretación; podemos decir que probablemente Can Ek y sus seguidores trataron de utilizar el discurso del fraile para lograr sus propios fines políticos.
Es difícil pensar que los itzáes se dejaran convencer por un discurso que los sometía pacíficamente a los españoles, cuando las mismas profecías katúnicas habían servido para alentar la resistencia violenta en contra de éstos. La manipulación de las profecías katúnicas se daba desde Tah Itzá, y en ellas se subrayaba que había terminado el tiempo de servir a los españoles, inclusive a los padres franciscanos. Entre los levantamientos inspirados en las profecías katúnicas, destaca la rebelión de los pueblos mayas independientes cercanos a Campeche en 1669.39
Por otra parte, encontramos en el discurso de Avendaño que, para convencer a las autoridades españolas de que él había logrado la cristianización de los itzáes por ser el elegido de Dios y por sus cualidades personales, nunca logró la trascendencia que deseaba, pues la embajada itzá restó importancia a sus propios logros. Sin embargo, podemos decir que el discurso elaborado por Avendaño y su concepción sobre las profecías indígenas tuvieron un impacto más duradero, pues hoy en día persiste la idea de que los itzáes se sometieron a los españoles para que los eventos históricos se conformaran con las profecías.40 También existe la idea de que los itzáes tuvieron una aceptación resignada de su derrota y de la fe cristiana, gracias a que Avendaño los convenció de que había llegado el tiempo de que dejaran su religión y se sometieran al dominio de los españoles.41 La actitud de Can Ek se ve como una actitud sumisa, ante las circunstancias expuestas por el fraile, y se explica por una disposición fatalista, relacionada con la concepción histórica de los mayas. El análisis del discurso de Avendaño en su crónica y los sucesos sobre la conquista de los itzáes me permiten plantear que este discurso no tuvo el resultado que él hubiera deseado en su momento, pues en su interpretación de las profecías katúnicas no tomó en cuenta ni la historia, ni los cambios políticos internos de los itzáes, de allí que resultara ineficaz. Así, los itzáes no aceptaron la visión resignada y fatalista que Avendaño les proponía sobre su historia, rechazaron someterse pacíficamente a los españoles y con esa actitud sellaron su propio destino, pues finalmente fueron “conquistados” por las armas.
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Sobre la autora
Laura Caso Barrera
Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México.
Citas
- Eleanor B. Adams, A Bio-Bibliografhy of Franciscan Authors in Colonial Central America, Washington, D.C., Academy of American Franciscan History, 1953, p. 15, dice que Avendaño nació en Castilla sin especificar ninguna región en particular. Sin embargo, en relación Avendaño hizo sobre las entradas al Petén hace la siguiente observación: “conociendo por verdadero el adagio que dicen los vizcaínos mis paisanos” (1696: f. 63), esto podría indicar que Avendaño era vizcaíno y que se le considera castellano, porque las provincias vascas en ese momento formaban parte de la Corona de Castilla. [↩]
- Antonio Rubial, La hermana pobreza. El franciscanismo: de la Edad Media a la evangelización novohispana, México, UNAM, 1996, pp. 146-160. [↩]
- Véase Craig A. Hanson, “The Hispanic Horizon in Yucatan. A Model of Franciscan Missionization”, en Ancient Mesoamerica, núm. 6, 1995, pp. 25-26. [↩]
- Antonio Rubial, Op.cit., p. 102. [↩]
- Fray Bernardo de Lizana, Devocionario de Nuestra Señora de Izamal y conquista espiritual, René Acuña (ed.), México, UNAM, 1995, pp. 135-138. [↩]
- El microfilm utilizado es una copia del documento (Ms. 1040) que se encuentra en la Colección Edward E. Ayer, de la NewBerry Library, Chicago. El microfilm fue proporcionado por la universidad de Calgary. En las citas de este documento he modernizado la ortografía y puntuación para una mayor claridad de los textos. [↩]
- Eleanor B. Adams, op. cit., p. 15. [↩]
- AGI, México 307, f. 1 r. Autos tocantes a la reducción de los indios de Sahcabchén, 1668. En Laura Caso Barrera, “Hacia la conquista del Itzá. Idolatría y rebelión: comunidades mayas en el siglo XVII”, en prensa. [↩]
- Diego López de Cogolludo, Historia de Yucatán, 2 vols., Graz, Austria, Akademishe Druck, 1971, vol. II, Libro VIII, pp. 139-140. [↩]
- Ibid., vol. II, pp. 233-238. [↩]
- France V. Scholes y Eleanor Adams, “Documents Relating to the Mirones Expedition to the Interior of Yucatan, 1621-1624”, en Maya Research, vol. III, núm. 3-4. 1936, pp. 251-257. [↩]
- Véase Nicolás de Valenzuela, Conquista del lacandón y conquista del chol. Relación sobre la expedición de 1695 contra los lacandones e itzá según el Manuscrito de Berlín, Götz F. Von Houwald (editor y comentarista) 2 vols. Berlín, Coloquium Verlag, 1979. [↩]
- Desde el primer contacto de Hernán Cortés en 1525 con los itzáes, el principal gobernante era llamado Can Ek. [↩]
- Diego López de Cogolludo,op.cit., t. 2, p. 192. Juan de Villagutierre Soto-Mayor dice categóricamente que la embajada itzá llegó en 1614, pero lo más probable es que esta embajada llegara en 1616 o 1617, véase Historia de la conquista de la provincia del itza…, Guatemala, Biblioteca Goathemala, 1933, p. 68. [↩]
- Diego López de Cogolludo, ibid., pp. 139-140. [↩]
- Ibid., pp. 252-253. [↩]
- Mario Humberto Ruz, “El conquistador y el juriconsulto. Testimonios del Itzá”, en Estudios de Cultura Maya, vol. XIX, 1994, pp. 342-344. [↩]
- Grant D. Jones, Mayas Resistance to Spanish Rule: Time and History on a Colonial Frontier, Albuquerque, University of New Mexico Press, 1989, pp. 259-261. [↩]
- Andrés de Avendaño y Loyola, Relación de las dos entradas que hize a la conversion de los gentiles Ytzaex y cehuachez, 1696, f. 32 v. [↩]
- Ibid., f. 53 v. [↩]
- AGI, Guatemala 151 bis, No. 6, ff. 40 v. 41. [↩]
- Andrés de Avendaño y Loyola, op.cit., ff. 67 v. 70. [↩]
- Véase Grupo de Entrevernes, Signos y parábolas, Madrid, Cristiandad, 1979. [↩]
- Andrés de Avendaño y Loyola, ibid., f. 2. [↩]
- Ibid., f. 18 v. [↩]
- Ibid., f. 40 v. [↩]
- En realidad los itzáes nunca se sometieron al poder español, pues aun después de la conquista armada que destruyó al señorío itzá en 1697, ellos siguieron oponiéndose a los españoles a través de una lucha continuada. [↩]
- Andrés de Avendaño y Loyola, ibid., f. 30 v. [↩]
- Ibid., f. 29 v. [↩]
- Bernardo de Lizana, op.cit., p. 134. [↩]
- Ralph L. Roys, The Book of Chilam Balam of Chumayel, Norman, University of Oklahoma Press, 1973, pp. 185-186. [↩]
- Andrés de Avendaño y Loyola, ibid., f. 29 v. [↩]
- Ibid., f. 37. [↩]
- Nancy M. Farriss, “Recordando el futuro, anticipando el pasado: tiempo histórico y tiempo cósmico entre los mayas de Yucatán”, en La memoria y el olvido: segundo simposio de la historia de las mentalidades, México, INAH, 1985, p. 51. [↩]
- Véase Ralph L. Roys, op.cit., p. 182. [↩]
- Andrés de Avendaño y Loyola, ibid., f. 47 v. [↩]
- Villagutierre, op.cit., p. 314-315. [↩]
- AGI, Escribanía, Leg. 339B, pieza 14, mapa y descripción de la Montaña del Petén Ytzá, 1705-1706? [↩]
- Véase Laura Caso Barrera, op.cit. [↩]
- Victoria Bricker R., The Indian Christ, the Indian King. The Historical Substrate of Maya Myth and Ritual, Austin, University of Texas Press, 1981, p. 23. [↩]
- Linda Schele y David Freidel, A Forest of Kings. The Untold Story of the Ancient Maya, Nueva York, William Morrow and Company, 1990, p. 400. [↩]