Francisco Belmar, Breve noticia del idioma papabuco del pueblo de Elotepec, Oaxaca, Imprenta del Comercio (Idiomas Indígenas del Estado de Oaxaca), 1901, 40 pp.; edición facsimilar, introducción de Francisco Barriga Puente, México, INAH (Francisco Belmar, 6), 2019, xiii + 40 pp.

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DA84R-07
La publicación de una edición facsimilar de la Breve noticia del idioma papabuco del pueblo de Elotepec, Oaxaca, de Francisco Belmar (1859-1926), originalmente publicado en el año de 1901, dentro de la Colección Francisco Belmar que se edita en el INAH el lingüista Francisco Barriga Puente, tiene hoy un significado particular, porque las últimas informaciones registran que el idioma papabuco hablado en Elotepec, en la Mixteca Alta tiene poquísimos hablantes, y está en estado inminente de extinción. Miguel León-Portilla (1926-2019) nos dejó dicho lo mucho que se pierde “Cuando muere una lengua”, Ihcuac tlahtolli ye miqui…

    El licenciado Francisco Belmar, mixteca de Tlaxiaco, se formó como abogado y participó en varios casos que lo llevaron a familiarizarse con las lenguas de Oaxaca, sobre las cuales desarrolló un interés científico, favorecido por su facilidad para las lenguas. En las ciudades de Oaxaca y México, Francisco Belmar defendió a los pueblos indios, estudió sus lenguas, promovió su enseñanza (contra la españolización que buscaba imponer Justo Sierra [1848-1912], ministro de Instrucción del presidente Porfirio Díaz [1830-1915]) y reunió una importante colección de libros, manuscritos y piezas arqueológicas. En sus descripciones de lenguas, su base fundamental eran las obras clásicas de Manuel Orozco y Berra (1816-1881), Geografía de las lenguas y carta etnográfica de México (1864), y de Francisco Pimentel (1832-1893), Cuadro descriptivo y comparativo de las lenguas indígenas de México (1875), quienes conocían las lenguas sobre todo por las gramáticas, los vocabularios y las doctrinas de los frailes, mientras que Francisco Belmar, además de poseer una buena colección de libros y documentos antiguos, tenía un trato continuo con los hablantes de los pueblos oaxaqueños así como un excelente oído para las lenguas.

    Tal vez esto lo motivó a tratar de ir más allá de la clasificación amplia de 11 familias de lenguas mexicanas de Orozco y Berra y 19 de Pimentel, y tratar de llegar a una visión lo más unitaria posible. En este camino llegaría a la polémica división de las lenguas mexicanas en tres familias: la nahuatlana, la mayana (en la que incluyó el huave) y la zapotecana (en la que incluyó el tarasco). Al estudiar las lenguas zapotecanas hizo un aporte significativo en la identificación de las lenguas después llamadas otomangues, como lo destacó Barriga Puente. Es curioso que Belmar realizara este aporte sin reconocer o mencionar las diferencias tonales en su descripción de las lenguas zapotecanas, como me lo mencionó Francisco Barriga, pues de Belmar se decía que tenía buen oído.

    Las ideas y trabajos de Francisco Belmar merecieron la atención de los lingüistas, que se enfrentaron al obstáculo de la extrema rareza de sus obras, editadas en pequeñas imprentas de las ciudades de Oaxaca y de México, con tirajes muy cortos y con diferencias entre ejemplares, algunas incompletas y otras probablemente perdidas. Por ello resultó particularmente afortunada la pasión lingüística de Francisco Barriga Puente, quien nos cuenta cómo los astros acomodaron las cosas en el mes de marzo del año de 2005. Por un lado, él estaba planeando un simposio de homenaje a Belmar en el que participarían varios colegas interesados en su obra, del INAH y de diversas instituciones. Al mismo tiempo, un lingüista italiano, Maurizio Gnerre, le dio a Francisco Barriga la buena noticia del hallazgo en la Benson Library de la Universidad de Texas en Austin de un ejemplar del inconseguible Estudio del huave (Oaxaca, 1901), esta enigmática lengua aislada, que Belmar, como vimos, considera acaso mayana. Al mismo tiempo, también sucedió en ese marzo de 2005, que la señora Elena Osuna de Belmar, hermana del gran tenista Rafael Osuna, se presentó previa cita con Francisco Barriga, director de la Dirección de Lingüística del INAH, con un manuscrito y un libro de Francisco Belmar, y una lista de los textos que guardaba. De esta manera, Francisco Barriga y la señora Osuna organizaron la digitalización de este tesoro, y felizmente, el INAH acogió entre sus colecciones la bautizada Colección Francisco Belmar, planeada en 14 libros, que desde 2011 hasta el presente se ha venido publicando (van ocho libros, me parece) en edición facsimilar y cada uno con una introducción de Francisco Barriga, siempre precisa, útil y amena. Los trabajos del simposio, publicados por el INAH en 2010, con el título de El filólogo de Tlaxiaco. Un homenaje académico a Francisco Belmar, dan una visión de conjunto excelente y funcionan como introducción general de la compilación.

    Los 14 volúmenes de la Colección Francisco Belmar incluyen, en orden cronológico, los trabajos de las dos fases de su labor. En primer lugar, nueve estudios específicos sobre lenguas oaxaqueñas, libros por lo general pequeños, impresos en la ciudad de Oaxaca entre 1890 y 1902: el zapoteco serrano, el mazateco, el trike, el chocho, el papabuco, el amuzgo, el huave, el chatino, el cuicateco. Es curioso que siendo su lengua natal, Belmar no dedicara un libro a la lengua mixteca, a algunos de sus dialectos (como los de Tlaxiaco y de Teposcolula, que describió en el siglo XVI el dominico fray Benito Fernández). Estos libros forman parte de una serie general, que aparece llamada de varias maneras: “Idiomas indígenas del Estado de Oaxaca”, “Lenguas indígenas del Estado de Oaxaca” y “Lenguas del Estado de Oaxaca”. A estos estudios lingüísticos se agrega su importante Reseña histórica y geográfica de Oaxaca, aún no reeditada, que me dice Francisco Barriga que tiene 350 páginas, y debe contener mucha información nueva, documental y testimonial.

    Al pasar a la Ciudad de México, Francisco Belmar imprimió una ambición comparativa amplia a sus trabajos lingüísticos, en dos obras mayores: su Familia Mixteco-Zapoteca y sus relaciones con el Otomí. Familia Zoque-Mixe. Chontal. Huave y Mexicano (1905) y su Glotología indígena mexicana. Estudio comparativo y clasificación de las Lenguas indígenas de México (1921). Además, publicó el ensayo polémico Importancia de las lenguas indígenas de México (1909) y Cuatro estudios breves, en publicaciones académicas, de su última época. Todas estas obras defienden la existencia de las ya mencionadas tres grandes familias lingüísticas en México. Se sabe de algunos libros impresos por Francisco Belmar que no figuran en la colección de su familia. Ojalá pronto aparezcan.

    La Breve [o Ligera] noticia del idioma papabuco del pueblo de Elotepec por el Lic. Francisco Belmar fue publicada por la Imprenta del Comercio de la ciudad de Oaxaca en 1901. Belmar menciona las opiniones de Manuel Orozco y Berra, que no sabía si el papabuco es un dialecto de las lenguas comarcanas, como el chatino, “o más bien resto de las antiguas tribus contemporáneas de los chuchones, y anteriores a la invasión de los mixtecos”; y de Francisco Pimentel, quien lo consideró afín al mixteco, sin muchos fundamentos, pues su fuente no era muy segura: “la noticia que sobre esto me ha dado una persona ilustrada y de buen criterio que visitó el Estado de Oaxaca, haciendo observaciones sobre los idiomas y las costumbres de sus habitantes”. (¿Quién sería?)

    Para tiempos de Francisco Belmar, el nombre mismo de “papabuco” había sido prácticamente olvidado. Una memoria administrativa de 1873 mencionaba como zapoteco al idioma hablado en el pueblo de Elotepec. Ésta es, en efecto, la opinión que defendió Belmar: “el Papabuco es un dialecto del zapoteco; o que si por su forma especial constituye otra lengua, ésta reconoce el mismo origen del zapoteco”. Lo muestra el análisis de los sonidos y las letras, el número y el género, los pronombres personales y demostrativos, los sufijos posesivos, el sistema de numeración y la flexión de los verbos, y la lista de 409 palabras en papabuco y zapoteco. Al concluir, Belmar aventura una hipótesis: “Estos breves apuntes bastan para formarse una idea de lo que es el idioma papabuco, por lo que me pareció inútil entrar en amplios detalles sobre una lengua que en mi concepto no es más que un dialecto del zapoteco, el cual, por su vecindad con los pueblos de habla mixteca, y separados del resto de los zapotecos del valle, modificaron su idioma con el transcurso de los años”.

    La hipótesis de Belmar, sobre la afinidad del papabuco con el zapoteco, que evolucionó en contacto con el mixteco y varias lenguas más, es la que ha prevalecido hasta nuestros días, como lo muestra Francisco Barriga, quien cita las investigaciones de campo y glotocronológicas de Juan José Rendón, de 1971, así como las de Jorge A. Suárez, de 1972. No se conoce, por cierto, el origen de la palabra “papabuco”. Tal vez sea una forma despectiva que tenían los mixtecos de la región para referirse a los hablantes de un dialecto zapoteco en su tierra.

    “La sombra del olvido —escribe Francisco Barriga— no sólo cubrió a los estudiosos del papabuco, también eclipsó a sus hablantes, quienes poco a poco fueron excluyéndolo de sus decires cotidianos”. Y cita los censos de 1990 con 19 papabucófonos, de 2005 con cinco y el de 2010 con dos. Francisco Barriga tiene la esperanza de que no suceda con el papabuco lo que pasó a otras lenguas que desaparecieron como: “las lenguas quinigua (hablada por los indios borrado de Nuevo León), cuyuteca (noroeste de Jalisco), chumbia (suroeste de Guerrero) y tapachulteca (Soconusco, Chiapas), que se extinguieron sin dejar mayores rastros”. Un aporte significativo para el rescate de la lengua papabuco, dialecto del zapoteco en tierra mixteca, es la feliz publicación facsimilar de la Breve noticia del idioma papabuco del pueblo de Elotepec de Francisco Belmar, editado por Francisco Barriga Puente en la Colección Francisco Belmar publicado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia.

RODRIGO MARTÍNEZ BARACS
Dirección de Estudios Históricos, INAH.



DIMENSIÓN ANTROPOLÓGICA, AÑO 29, VOL.84, ENERO-ABRIL, 2022



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