Dhipaak 1
el Homo religiosus […] cree que la vida tiene un origen
sagrado y que la existencia humana actualiza todas sus po-
tencialidades en la medida en que es religiosa, es decir, en la
medida en que participa de la realidad. Los dioses han crea-
do al hombre y al mundo, los héroes civilizadores han termi-
nado la creación, y la historia de todas estas obras divinas y
semidivinas se conserva en los mitos.2
Sabemos que los teenek antiguos tenían una religión politeísta, que creían en una pareja de dioses creadores supremos y en una serie de deidades hasta cierto punto menores, entre las que se contaban aquellas relacionadas con los fenómenos atmosféricos, con los astros y con los cuatro elementos. Tenían asimismo otras divinidades que representaban a plantas cultivadas y a los eternos enemigos de éstas, las plantas silvestres. Cada una de estas deidades a las que los teenek veneraban residía en alguno de los tres niveles que conformaban el universo. Conocemos algunas de estas informaciones por diversas fuentes escritas más o menos contemporáneas,3 sin embargo, la fuente más importante para conocer la religión antigua de los teenek sigue siendo –inclusive para las obras mencionadas como ejemplos– la tradición oral de este grupo.
Sabemos también que en el estudio de las religiones la noción de sacrificio ocupa un lugar muy relevante, ya que mediante el sacrificio se está en contacto directo con las deidades. Recordemos que etimológicamente el término “sacrificio” significa hacer sagrado, sacralizar”. Ahora bien, buscando en la tradición oral de los teenek posibles indicios sobre el sacrificio, encontramos algunos relatos míticos que podrían contenerlos. Así, del amplio corpus que tengo a mi alcance seleccioné tres: M1, “Relato del Dhipaak”; M2, “El origen del maíz” y M3, “El Corazón del Maíz mató al Gran Gavilán”, aunque me apoyé para ciertos detalles puntuales en otro texto del mismo grupo: M4, “La vieja K’oleene”, así como en uno de los nahuas de la Huasteca: M5, “Duelo de Sintektli y su abuela”.
A continuación presentaré una transcripción de los tres relatos principales,4 a fin de que el lector tenga la oportunidad de conocerlos antes de acceder a la interpretación que de ellos propongo.
Los relatos
El maíz para nosotros los teenek, los huastecos, es la primera vida del hombre. Desde que comenzó la vida del ser humano. Desde que nuestro Maam y nuestro Muxi’ nos crearon empezó. Empezó desde el principio, cuando fue creado el hombre por dios, o sea por Maam y Muxi’, allí empezó la vida del hombre y con el maíz.
Le llamamos Miim Tsabaal, que es la Madre Tierra, y Maamlaab, que significa “abuelo”, en huasteco. “Abuelo”, porque el abuelo es el “gran abuelo”, el “abuelo de los abuelos”, o sea “el más abuelo”. Pero ese abuelo también, que es Muxi’, que está en el mar. Es una familia de dioses [que] conviven y se unen y platican para… Así fue cuando comenzó la vida del hombre, la creación del mundo. Ellos, los dioses, platicaron para que haya vida en la Tierra.
Es un misterio que no entendemos todavía, pero la cosa es que tenemos que respetar a la Madre Tierra, tenemos que respetar al Sol, tenemos que respetar al Trueno, a Muxi’, que vive en el mar. Por Muxi’ vemos verde todo lo que vemos. Por eso se caen las hojas de las plantas, por Muxi’. Por eso se madura el naranjo, el plátano. Todo vemos que se madura, por Muxi’. Si no fuera [por] él no se va a madurar, se va a quedar así.
Nuestra abuela dijo que debe haber… Bueno, hubo varios hombres de diferentes creaciones, pero no funcionaron. Entonces el que funcionó es cuando dijo la abuela que tiene que conseguir el maíz, que tiene que hacer la masa. De la masa formó a cuatro seres, o sea dos hombres y dos mujeres. De ahí empezó la carne del hombre. Del olote se formaron los huesos del hombre. De ahí empezó la vida humana, del ser humano, pero de maíz. Entonces los hombres no pueden vivir sin el maíz. Es necesario que siga alimentándose ese mismo cuerpo de maíz. Entonces, nuestro(s) Maam y Muxi’ tienen que mandar el maíz en la Tierra, no pueden vivir los hombres sin el maíz, porque vivieron un tiempo sin el maíz. No había maíz. Comían algodón, comían hilo, o sea, el algodón, comían la frutita del algodón, [eso] comían los hombres de la Tierra. Pero después dijo Maam que tiene que haber que haya qué comer. Entonces envió un enviado a la Tierra. Envió un pájaro. Y ese pájaro trajo en su piquito un grano de maíz. Entonces el zanate, un pájaro negro, buscaba ver dónde debía dejar este [grano de maíz] que le encargaron, del mar, donde vive Muxi’. [De] allí fue [de] donde vino este pájaro enviado por Muxi’ a traer el maíz en la Tierra. Pero el pájaro decía “Si me trago este maíz no va a haber nada. Entonces éste debo sembrarlo”. Pero lo sembró cuando halló a una mujer que estaba bañándose en el arroyo. Y esta muchacha era una muchacha que era soltera. Su abuela nunca la dejaba salir, pero ese día salió y abrió la boca y se le cayó el granito [de maíz] en la boca. Y después quedó embarazada la mujer. Después a los nueve meses nació un niño. Ese niño era el dios del maíz, que le llamamos Dhipaak. Entonces, este fue el que trajo el maíz. Este era el maíz. Pero la abuela, o sea la [anciana] mamá de la muchacha se enojó mucho, porque se embarazó su hija. Y si la conservaba, la quería que estuviera siempre niña, no quería que le pasara nada, por eso no la dejaba salir. Y se enojó mucho porque se embarazó la muchacha y nació la criatura. Entonces le tuvo mucho celos, le tuvo mucho coraje. La abuela le tuvo mucho coraje al niño y por eso no lo quería. Lo mató. Lo molió en el metate. Ya había nacido el niño. O sea primero, lo tuvo que cortar con machete, con cuchillo. Y lo picó y lo fue a tirar en el… Pero esa carnita que fue tirada volvió a nacer otra vez. De ahí se levantaron los granos de maíz, o sea nació el maicito chiquitito. Entonces, en lugar de que se muera ese niño se puso más… se convirtió en muchas matas de maíz. Y otra vez fue con su machete a cortarlo. Quedaron los pedazos de maíces así, pero otra vez pegó, y hubo más maíz, o sea, rindió más, y entonces hubo mazorca. Cuando ya hubo mazorca, la abuela [dijo] “no, esto no lo puedo acabar, ahora sí lo voy a cortar todo, y lo voy a moler. Lo voy a moler en el metate”. Y lo hizo atole, y lo hizo tamalitos. Lo quiso comer todo, pero no lo pudo acabar. Le hizo daño. Lo que hizo fue que el sobrante llevarlo allá en el mar. Lo fue a tirar esa masa, ese atole. Pero esa masa pues allá estaban los pecesitos. Entonces se acercaron rápido los pecesitos, iban a comer el atole que se había tirado allí el Dhipaak, [que] es el dios del maíz. Es el dios. Esa es la vida. Entonces les dijo a los pecesitos “No, no me coman, mejor júntenme”. Entonces los pecesitos juntaron toda la masita, la amontonaron, y se formó otra vez el niño, [permaneció] allá en el mar por mucho tiempo. Creció.
Cuando fue tirado, antes cuando fue tirado hecho pedazos, también lo iba a comer la hormiga. Y le dijo a la hormiga “No, no me comas. Espérate. Cuando ya sea mucho, entonces sí me comes. Pero ahorita no. Mejor aguántense”. Entonces las hormigas no lo comieron.
Entonces ese Dhipaak vivió en el mar por mucho tiempo. Ya era un chamaquillo, allá vivía [con] su abuelo Muxi’, que es el dueño del mar, es la vida del mar. Entonces allá vivía, pero a Muxi’ no le gustaba [eso]. Muxi’ había mandado que viviera en la Tierra, pero no en el mar. Entonces decía Muxi’ que se vaya a la Tierra, [que se vaya] allá. Pero Dhipaak dice “No, no voy, porque mi abuela me lo aventó acá. Así es que si quieres que yo regrese, [si quieres] que yo vaya allá, llévame”. Entonces Muxi’ tuvo que buscar a alguien [para] que cargue al niño, o sea al muchacho, para traerlo hasta acá, hasta el centro de la Tierra, donde están los hombres, que sí lo necesitan.
Entonces ahí, donde hubo varios elementos que usaron para cargar como transporte. Pero primero fue elegido el camarón, pero no pudo. El camarón lo iba a traer hasta la Tierra, pero no pudo porque él es del agua y no puede salir. Después fue enviado un pez grande para que trasladara al niño hasta la Tierra, pero no pudo porque no tiene pies. Y ya por último fue elegida la gran tortuga, que tiene la concha muy gruesa. Entonces, mientras Dhipaak estaba encima de la gran tortuga, entonces lo que hacía él rayaba la concha de la tortuga. Entonces por eso vemos ahora la concha de la tortuga rayada, cuarteada con cuadros, de cuando él venía encima. Entonces esa tortuga sí logró venir hasta acá porque sí puede meterse. Entonces esa es la venida [de Dhipaak] otra vez a la Tierra.
Dhipaak es el que trajo el maíz. Por eso el maíz ahora existe. O sea que el maíz nunca se va a acabar. El maíz va a haber siempre, mientras el hombre exista, porque el hombre es el mismo maíz, el maíz es el hombre, o sea esa es la vida. Si no nos fijamos bien qué es lo que pasa en una mata de maíz. Esa es la misma. Es como la vida misma del hombre. Tiene su raicita. Tiene sus hojitas, su tallito, toda su florecita. Todo eso vemos en cada hilito que vemos en un maíz. Cada hilito es un maíz y de cada hilito tiene que caer un polvito para que haya maíz. Y si no hay, entonces no hay maíz, o sea no crece el maicito. Entonces así es. Entonces para nosotros el maíz es el que debe ser sagrado, el más primordial que debemos nosotros respetarlo. Por eso nos decían nuestros abuelos “Cuidado, no te pases encima donde está el maizal, o sea donde están las mazorcas, donde está el maíz desgranado. No lo pises. No lo juntes con escoba. Eso júntalo con las manos”. Para nosotros en huasteco lo principal que debemos respetar es el maíz. Todo por el maíz se hace.
Hace mucho tiempo vivió una anciana llamada K’oleenib que, como los nahuales, podía convertirse a voluntad en un animal salvaje. Como entonces la tierra era muy fértil, la mujer cultivaba calabazas y pipianes todo el año.
Llegado el tiempo de la cosecha de pipianes, la mujer comenzó a quebrar los más maduros para sacarles las semillas. Halló uno muy grande, y al partirlo vio con sorpresa que dentro del mismo se encontraba una criatura.
La anciana, que era estéril, recogió con mucho cariño a la criatura, que era una niña, y la llamó Dhakpeenk’aach (la niña de pipián). La niña fue creciendo bajo el cuidado amoroso de la anciana, quien la llevaba a bañar al río.
En una ocasión en que se encontraban bañándose en el río, bajo la sombra que proyectaba un gran árbol sobre la ribera, un cuervo se paró en sus ramas. La niña volteó hacia arriba con curiosidad y entonces el cuervo defecó, cayendo el excremento en la boca de la niña, que se lo tragó ignorando lo que era.
Pasó el tiempo y la niña seguía creciendo, convirtiéndose en mujer; pero al mismo tiempo se fue manifestando que se hallaba embarazada, aunque la anciana no se percataba de ello. Pasaron los meses y la muchacha se puso enferma; K’oleenib se preocupó mucho y se preguntaba qué le sucedería.
Llegó el día del parto y la muchacha dio a luz un niño, pero la anciana ignoraba cómo lo había concebido. El niño vino a ser como nieto de la anciana, pero ésta por tratarse de un niño ilegítimo e ignorar quien había sido su padre lo rechazaba; así que lo llamó Pe’no, que significa en huasteco “algo que es levantado de la calle o del camino y no se sabe qué es”. Pero en realidad este niño era Dhipaak o dios del maíz.
La anciana K’oleenib tenía en su casa animales domésticos, tales como guajolotes, conchas, puercos, etcétera., y el niño, que era sumamente travieso, pasaba el tiempo molestándolos. Le gustaba jugar con flechas y ensartarlos, por lo que su abuela se enojaba constantemente. Al fin decidió meterlo dentro de un hormiguero para que las arrieras lo devorasen.
Sin embargo, las arrieras no se lo comieron y al cabo de quince días el niño Dhipaak se transformó en un enorme maizal. La anciana comprendió que en realidad era el niño que ahora resurgía en maíz, por lo que decidió talar el maizal. Al terminar el trabajo se marchó a su casa, pero después regresó a la milpa y vio que ésta había retoñado.
Decidió entonces esperar a que brotaran los elotes, para así acabar con ellos; y cuando por fin las matas tuvieron mazorcas, las arrancó, desgranó y arrojó al río. Los granos de maíz fueron arrastrados por la corriente hasta las vegas del río y ahí brotaron de nuevo.
El renacido Dhipaak ya no regresó a casa de su abuela, sino que se marchó a andar por los caminos. Un día se encontró con el Maligno (Kidhaab Inik) o dios del ojite (fruta silvestre que en tiempos de escasez se come como el maíz), y empezaron a discutir porque los dos deseaban quedarse en la Tierra como alimento para la humanidad.
Decidieron tener una competencia sobre quién caería entero al suelo si se arrojaban desde un árbol. El que ganara quedaría como alimento para los hombres, y el perdedor se iría a vivir a los montes.
El primero en subir al árbol fue el maligno u ojite, porque tenía un gran deseo en llegar a ser el principal alimento de los hombres, pero al caer se partió en dos pedazos (la fruta del ojite tiene dos granos); entonces se fue a vivir al monte, como alimento del maligno. Luego se encaramó el maíz, quien cayó entero al suelo sin quebrarse.
Así quedó triunfante Dhipaak como alimento principal de la humanidad, y es por eso que a través de la historia no ha dejado de gustarnos el maíz.
En tiempos muy antiguos vivió un gran gavilán. Dicen nuestros antepasados que este animal, cuando andaba volando tapaba los rayos solares. ¿Piensan ustedes cómo estaba de grande? Creo que era grandísimo.
También dicen nuestros abuelos que este gavilán comía seres humanos. Las autoridades que había en ese entonces, con el fin de que no se acabaran los habitantes de un solo pueblo, conjuntaron ideas para que regalaran a un ser humano por cada comunidad. Aunque no querían, a la fuerza tenían que dar a un compañero como regalo, para que comiera el animal que llegaba a medio día.
Así un día, el pequeño corazón del maíz, un muchacho que en donde quiera andaba, encontró en el monte a una niña que estaba llorando; el muchacho se acercó y le preguntó:
-¿Por qué lloras?
La niña con gran tristeza contestó:
-¡Es que me va a comer el gran gavilán que llegará a medio día!
El pequeño corazón del maíz con mucha alegría y un poco de coraje, le dijo a la niña:
-¡Ya no llores y ya no estés triste!
Ahora verás que ese gavilán no te comerá. Si tiene hambre que me coma a mí y eso si puede. Ahora verás qué es lo le haremos a ése.
La niña se alegró un poco por las palabras del muchacho.
El corazón del maíz le dijo a la niña:
-¡Ahora acompáñame a reunir a todos los habitantes, para que juntos matemos al gran gavilán!
La niña con un poco de miedo, anduvo reuniendo a los habitantes. Una vez unidos, el muchacho les dijo:
-¡Ahora quiero que me ayuden, para que juntos matemos al animal que los está acabando! Quiero que preparen una gran olla de atole de maíz. Pero los habitantes contestaron que ellos no tenían maíz para preparar el atole.
El niño muy contento les dijo:
-¡No se preocupen, les daré el maíz!
Solamente quiero saber si quieren que matemos al gran gavilán.
Todos dijeron que sí querían. El contestó:
-¡Bueno, vamos a trabajar!
El corazón del maíz metió la mano derecha en la axila del brazo izquierdo, y sacó un granito de maíz amarillo.
Con el pequeño granito… los habitantes pusieron el grano en el nixcón (olla donde se cuece el maíz) e hicieron rápidamente el atole. Pero no con mucha alegría hicieron lo que decía el muchacho. Fue grande la sorpresa que tuvieron porque vieron que al cocerse el maíz, se llenó la olla y hasta se tiró.
Entonces se encontentaron.
Cuando ya estaba preparado el atole, el muchacho les dijo a los habitantes que lo llevaran a donde estaba la niña y que el palo que utilizaron para mover el atole, lo atravesaran encima de la olla.
Cuando todo estaba preparado todos tomaron un palo y se escondieron en los alrededores. El muchacho además les dijo:
—Me pararé sobre el palo movedor que está encima de la olla y allí esperaré al gavilán. Cuando llegue y vean que ya cayó en el atole, entonces se acercan para que le peguen con el palo.
Cuando el muchacho vio que ya iba a alcanzar el medio día, de pronto se obscureció, pues se estaba acercando el gavilán; se preparó y cuando vio que ya lo iban a capturar, dio un brinco y con los pies capturó el palo movedor, entonces el gavilán cayó en el atole muy calientito y en seguida se acercaron todos los habitantes para pegarle y matarlo.
Todos los habitantes lo golpearon porque querían dejarlo bien muerto, pero fue grande su sorpresa cuando vieron que el gavilán era muy poderoso, porque cada pluma que se le arrancaba con los golpes, era un pequeño gavilán que salía volando; fueron muchos gavilancitos los que salieron porque son muchas las plumas que se arrancaron con los golpes.
Los gavilancitos que salieron del gran gavilán ya no comieron seres humanos. Son los que hasta ahora conocemos, son los hijos que dejó con las plumas que se arrancaron al matarlo. Era un gavilán al que le tenían tanto miedo, pero gracias al gran poder del corazón del maíz, se llegó a matar al gran y malvado gavilán.
Análisis de los relatos
Procederé al análisis de los tres relatos a partir de sus personajes, tratando de definir lo que simbolizan en la cosmología de los teenek y proponiendo una trilogía y varios cuadros de oposiciones binarias, en los que se resume de alguna manera la interpretación de los mitos. Como podremos advertirlo de inmediato, estos cuadros de oposiciones son de varios tipos: biosocial (masculino/femenino), generacional (nieto/abuela), espacial (arriba/abajo, naturaleza/cultura) y de jerarquía (superior/inferior).
Veamos primero el “Relato del Dhipaak” (M1) y “El origen del maíz” (M2), que son variantes de un mismo mito. Un episodio clave en estos dos primeros relatos es la fecundación de la doncella por parte del ave, en el río -con un grano de maíz (en M1) o con su excremento (en M2)-. Esa unión entre el ave y la doncella es evidentemente una hierogamia entre el Cielo8 y la Tierra.
La madre de Dhipaak
La doncella que va a ser la madre de la deidad del maíz es de origen terrestre.9 Juega un rol de intermediario, ya que es solamente el vehículo que va a dar nacimiento al héroe cultural de los teenek potosinos. Pese a la seducción y fecundación de que es objeto, la doncella conserva su virginidad, como en muchos mitos del mundo.10 Este personaje es una diosa de la Tierra.11 Aunque el relato no nos dice explícitamente qué sucedió con la madre de Dhipaak -este personaje desaparece del relato después de dar a luz-, por relatos similares de otras regiones, así como por el hecho de que el recién nacido quedó al cuidado de su abuela, podemos inferir que murió en el parto.
El padre de Dhipaak
El padre directo de Dhipaak, el que proporciona el elemento generador para su nacimiento, es un zanate (Quiscalus mexicanus). Sin embargo, esta ave negra es solamente el enviado de una deidad mayor, de Muxi’, el dios de la lluvia.
Dhipaak, el niño
Dhipaak tiene una personalidad bastante ambigua. Es un ser ambivalente por excelencia, condensa algunos de los atributos de sus progenitores, contrastantes entre sí. Es hombre y es mujer a la vez,12 representa el bien pero puede hacer el mal. Dhipaak simboliza la vida pero también está muy relacionado con la muerte: es la deidad dema por excelencia, representa la renovación periódica de la naturaleza.
La polisemia de la deidad del maíz se manifiesta de manera clara cuando tratamos de determinar cuál es el nivel del universo al que se adscribe este personaje. Dhipaak está estrechamente vinculado con los tres planos del universo: Dhipaak surge de la Tierra, ya sea cuando nace de su madre (telúrica) o bien cuando renace como deidad dema después de haber sido descuartizado por su abuela.13 El lugar que corresponde a Dhipaak es el plano terrestre, en el que viven los humanos, dependientes de él para sobrevivir. Dhipaak es más que la deidad del maíz, es el maíz mismo. Dhipaak presenta asimismo una serie de características solares, en cuanto a que su madre sigue siendo virgen, en que muere y resucita, rechaza el sexo, es puro, es hombre-dios, es valeroso, es muy listo, es nagual, es embaucador, hace milagros, se vincula con las clases inferiores,14 elimina al monstruo primordial.15 En la primera parte de su infancia está al cuidado de su abuela, en el plano terrestre. Después de su tercera muerte y resurrección se va a vivir con su abuelo, en el mar.16 Por pertenecer sus dos abuelos al inframundo, Dhipaak tiene también estrechos nexos con este nivel del universo.
La abuela de Dhipaak
La abuela K’oleene’ o K’oleenib es anciana, es poco mujer, es andrógina como la mayoría de las deidades creadoras. Aunque en principio supuestamente es estéril, sin embargo es diosa lunar, y como tal está asociada a la fertilidad -no es casual que cultive calabazas,17 fruto que simboliza el útero-. Es la clásica diosa-madre vieja, que sin intervención de varón tuvo una hija.
La abuela de Dhipaak es un ser nocturno. Por ser lunar está estrechamente asociada al proceso generación/muerte/generación. El papel principal de K’oleene’ (en el conjunto de mitos relacionados con el origen del maíz) es precisamente el de contribuir a que realice ese ciclo. Las características lunares de K’oleene’ se ven acentuadas por su asociación con los insectos nocivos (M5), ya que estos animales están vinculados con el astro nocturno.18 Su vinculación con la Luna se confirma por el hecho de que practica la horticultura (M2).
Vive al pie de un cerro muy alto, que corresponde al inframundo. Es nagual “podía convertirse a voluntad en un animal salvaje” (M2) Y, de hecho, aún en su forma humana, es equivalente a un animal salvaje, por su comportamiento asocial. Es una de las deidades de los teenek antiguos que simbolizaba lo salvaje, lo caótico.
En el primer relato (M1) la abuela mata al dios y se lo come -en forma de atole y tamales-, lo cual se puede interpretar con toda certeza como canibalismo, ya que además en uno de los relatos de apoyo (M4) se afirma que este personaje “se alimentaba de puros niños asados”.19
La trilogía “abuela/madre/nieto” se encuentra en culturas de muchas partes del mundo. Veamos en el Cuadro 1 con cuáles rasgos se presentan estas tres deidades en la mitología de los teenek. Obsérvese de paso que se pueden establecer oposiciones binarias entre la abuela y la madre, pero las más relevantes son las que se establecen entre los extremos del cuadro, es decir, entre la abuela y el nieto.20
Además de las características contrastantes entre abuela y nieto que ya vimos en los extremos del Cuadro 1, hay otras oposiciones que es posible establecer entre ambos personajes, como en el siguiente cuadro, en el que la oposición es no sólo sexual, sino sobre todo generacional. Es la clásica diada mesoamericana Sol/Luna.21, 22, 23
Tanto uno como otro personajes pueden estar vinculados con la abundancia. Dhipaak con toda certeza la simboliza, en tanto que para K’oleene’ los relatos son contradictorios: unos dicen que tenía muchas riquezas, otros, los más, afirman que era muy pobre, y en general esta madre-abuela simboliza la carencia.
Además de las oposiciones binarias que acabamos de presentar, hay otros contrastes entre las características de los personajes que se pueden establecer en un primer análisis de los relatos. En el siguiente cuadro, por ejemplo, se presenta una de las distinciones básicas de carácter biosocial, la oposición hombre/mujer.
Estos personajes del Cuadro 3 comparten varios rasgos: son deidades, son jóvenes, son fértiles. Ambos cumplen, en mayor o menor grado, un rol de intermediarios.
El abuelo de Dhipaak, el dios de la lluvia
El dios de la lluvia es uno de los dioses más antiguos e importantes en Mesoamérica. Entre los teenek el abuelo de Dhipaak es el Maam mayor y su nombre es Muxi’.24 Al igual que en otras culturas del mundo,25 mis informantes teenek ubican la morada de este personaje en el mar, otros en la cima de una montaña, o inclusive en las profundidades de la tierra, todos espacios ctonianos.
En el siguiente cuadro se combinan varias oposiciones entre la abuela y el abuelo de Dhipaak, entre las que destaca la oposición espacial arriba / abajo.26
Junto con y además de los rasgos que oponen a la abuela y al abuelo de Dhipaak, estos personajes comparten varios rasgos: ambos son ancianos, ninguno es realmente su abuelo (ni siquiera totalmente en la realidad del mito), ambos son sexualmente activos, ambos son seres del inframundo, ambos pueden dar la vida o la muerte. Aunque en niveles opuestos, ambos viven en el cerro.
El ojite
El ojite o ramón, el ojox (Brosimum alicastrum), al perder ante el maíz (Zea mays), se va al monte, al espacio silvestre. El árbol del ojite y su fruto, que son silvestres, representan explícitamente al diablo (M2) en contraposición al maíz, planta cultivada, que representa al dios.27
Tanto el maíz como el ojite son deidades de índole vegetal, lo cual nos proporciona indicios de la estrecha relación entre los teenek y la vegetación que les rodea y que les proporciona elementos para su supervivencia.
A continuación veremos un cuadro en el que se sintetiza el antagonismo entre la naturaleza y la cultura, simbolizadas por el ojite y el maíz, respectivamente. “Si la antropología presta gran atención a estas oposiciones, es porque el hombre vive en el espacio, o más bien en dos espacios: aquel donde vive y trabaja y aquel que, por el contrario, escapa a la transformación humana de la naturaleza sin que por ello signifique que es un referente neutro”.28 La oposición naturaleza/cultura es una distinción espacial muy importante, y es la base del siguiente cuadro.
El corazón del Maíz mató al Gran Gavilán
Hasta aquí hemos estado comentando los dos primeros relatos. Veamos a continuación el tercero: “El Corazón del Maíz mató al Gran Gavilán” (M3), en el que aparece también Dhipaak, pero interactuando con otros personajes. El tema principal de este relato es probablemente el sacrificio humano, si bien hacia el final estaríamos asimismo ante un sacrificio dema, aunque distinto del de los dos primeros relatos, ya que en M3 el producto de este sacrificio son animales.
El gavilán
El gavilán es un ave celeste por excelencia. Es por supuesto equivalente al águila de otros mitos mesoamericanos. Está estrechamente vinculado con el Sol. Es un símbolo de la guerra y del poder. En cambio las deidades del maíz “pertenecían a la gente común, a los agricultores”,29 y es por eso quizá que los mitos y los rituales relacionados con la siembra y la cosecha, así como los de petición de lluvias se siguen realizando entre los campesinos de nuestro país.30
El águila o el gavilán como personajes míticos peligrosos para el hombre tienen una amplia difusión en Mesoamérica. Los podemos encontrar tanto entre los nahuas de la Sierra Norte de Puebla,31como entre los mazatecos32 y entre los mayas.33
La niña
Respecto a la niña que iba a ser sacrificada, carecemos por ahora de datos que nos permitan conocer su identidad. Quizá sea especular demasiado, pero consideramos que podría tratarse ya sea de la hermana gemela de Dhipaak (su alter ego femenino) o bien de la hija del gobernante.34 De lo que sí podemos estar seguros es de que el llanto de la niña era señal de lluvia ya que quizá universalmente las lágrimas, en ciertos ritos propiciatorios, atraen el agua pluvial.35 Al respecto, nos dice Sahagún: “Cuando llevaban a los niños a matar, si lloraban y echaban muchas lágrimas, alegrábanse los que los llevaban, porque tomaban pronóstico de que habían de tener muchas aguas ese año”.36
Por ser el gavilán un animal celeste y porque el sacrificio se hacía a medio día, podríamos pensar que se trataba de un sacrificio al Sol,37 sin embargo, el hecho de que se tratara de sacrificio de niños podría indicar asimismo que estas ofrendas humanas estaban dedicadas al dios de la lluvia, en razón de la estrecha vinculación del maíz con esta deidad.38 Esta segunda hipótesis podría verse confirmada si tomamos en cuenta que en M1 se dice explícitamente que fue el dios de la lluvia el que envió al ave a fecundar con un grano de maíz a la doncella que sería la madre de Dhipaak.
Recordemos que el sacrificio humano podía estar combinado con la antropofagia, por lo cual era necesario preparar a las víctimas para que el disfrute de consumir su carne fuera mayor. Así nos lo confirman tanto las fuentes antiguas,39 como uno de los relatos de apoyo que han servido de materia prima para este artículo (M4): “como los vio que estaban muy flacos, pensó que primero les iba a dar de comer muy bien para que pronto engordaran”.40
Dhipaak, el Pequeño Corazón del Maíz
Aunque de otra manera, no debemos descartar la posibilidad, de que también en el tercer relato sea entregado el alimento primordial a los hombres, el maíz: Dhipaak se lo sacó de la axila izquierda y se los dio, como una parte de la estrategia para vencer y dar muerte al gavilán. De este relato podemos inferir que Dhipaak acaba con la costumbre (¿y con la necesidad?) del sacrificio y de paso alivia una carencia de alimento, instaurando así el orden en el mundo.
Los habitantes del pueblo
En el tercer relato (M3) hay un estado previo de carencia. Hay hambre, los seres humanos no tienen que comer, no tienen maíz. Los habitantes del pueblo no sólo aceptan el sacrificio, sino incluso lo organizan. Al parecer existe una estrecha relación entre hambre (de los dioses y de los hombres) y sacrificio.
En M3 estaríamos evidentemente ante un sacrificio humano ofrecido por la comunidad, que es el más antiguo41 y cuya finalidad es buscar la armonía con el cosmos. Los padres de los niños serían los sacrificantes de éstos, porque son los que ofrecen cada vez la víctima y porque en ellos recaen los beneficios del sacrificio. El gavilán sería el sacrificador porque es el que directamente efectúa la acción de darles muerte.42 Los niños serían obviamente las víctimas, los sacrificados.
Los “hijos” del gavilán
El episodio final de M3 podemos también considerarlo como sacrificio dema, ya que hay muerte y resurrección. Como consecuencia de la muerte y despedazamiento del perverso gavilán, se produce la vida de otros gavilanes inofensivos para el hombre. En palabras de Marie-Odile Marion: “Los mayas conciben a la vida como el resultado de un proceso dinámico […] resultante de la unión de fuerzas complementarias y opuestas, y de su ulterior disyunción. De la muerte nace la vida y esta última engendra a su vez la muerte, para asegurar el proceso de alternancia de los principios contrarios”.43 Una vez más, en Mesoamérica, la muerte da lugar a la vida.
Por otra parte, la olla con atole en la que Dhipaak y los habitantes del pueblo dan muerte al malvado gavilán nos hace recordar la embocadura de la tinaja con agua a la que alude López Luján como equivalente a la entrada al Tlalocan, y que simboliza la fertilidad.44 Esto último puede verse confirmado por el hecho de que de las plumas del gavilán nacen otros gavilanes.
Veamos algunas oposiciones binarias surgidas del tercer relato (M3), plasmadas en el siguiente cuadro, en cuya base está el concepto de jerarquía inferior / superior.
En lo único que coinciden los dos personajes del cuadro precedente es en que ambos son naguales45 en que ambos son quizá deidades, y en que ambos fueron víctimas, en distintos momentos, de un sacrificio dema: Dhipaak por descuartizamiento y el gran gavilán a golpes.
Comentarios finales
El primero y más importante que queremos hacer es el de que no es del todo seguro que las occisiones relatadas en estos mitos sean sacrificios en sentido estricto. No obstante, consideramos que podrían ser por lo menos prototipos míticos de éstos.46 Dejémoslo por ahora a nivel de hipótesis.
Por otra parte, aunque los dos primeros relatos son aparentemente distintos del tercero, en el fondo los tres coinciden, ya que los tres son mitos de origen, y de origen del maíz, explícitamente los dos primeros e implícitamente el tercero. Además el tercer relato trata en su parte final del origen de los gavilanes. Aunque de diferente manera, en estos tres relatos míticos se trata de la solución al problema de la carencia de alimento por medio de la obtención del maíz.
En M1 y M2, e inclusive quizás en M3, estaríamos probablemente ante el surgimiento de las sociedades agrícolas, ante el paso del nomadismo a la sedentarización. En todo caso, el otorgamiento del maíz a los hombres por parte de los dioses significa el advenimiento de una nueva era.
En los dos primeros relatos (M1 y M2) se imbrican la sexualidad y la fertilidad. Son mitos hierogámicos, de muerte y resurrección. Los tres son mitos de muerte y resurrección. Además, tanto en el tercer relato (M3) como en uno de los relatos de apoyo (M5), una deidad dema produce otra deidad dema. Los mitos del dios que muere y resucita pueden ser considerados como mitos exegéticos de la naturaleza.
Por último, quisiéramos enfatizar que estos tres relatos no son exclusivos de los teenek, sino que son sólo variantes regionales de mitos mesoamericanos más conocidos, como los de los aztecas, los mayas o los totonacos; e inclusive muchos de sus personajes y elementos de su trama resultan universales. Entonces, lo que va a ser más interesante es hacer énfasis en las especificidades con las que estos relatos míticos se manifiestan entre los teenek y los otros grupos étnicos que habitan en la Huasteca.
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Sobre la autora
Ángela Ochoa
Dirección de Lingüística/INAH.
Citas
- En la escritura del teenek o huasteco la grafía dh -en palabras como Dhpaak (la deidad del maíz) o dhakpeen “ajonjolí” -tiene un valor fonémico equivalente al de la letra 0 del alfabeto griego o al de la z en el español de España. En las otras lenguas mayas corresponde al fonema y a la letra s. Por otra parte, las vocales que aquí presentamos gráficamente duplicadas corresponden, al igual que en la escritura actual de las lenguas mayas, a las vocales que son largas fonémicamente (dhipaak, Maam, k’oleené). [↩]
- Mircea Eliade, Lo sagrado y lo profano, 1998, pp. 147-148. [↩]
- Stresser-Péan, Guy, “Montages calcaires et sources vauclusiennes dans la religion des indiens huastéques de la région de Tampico” en Revue de l’Historie des réligions, Annales du Musée Guimet, 1952; Janis Alcorn, Huastec Mayan Ethnobotany, 1984. [↩]
- En los relatos M2 me tome la libertad de modificar la forma de escritura de algunas letras, las correspondientes a las vocales largas y a la 0 -en los nombres de los personajes-, a fin de uniformizarlas con la forma de escritura de M1. Estas letras en las publicaciones respectivas se representan de otra manera. [↩]
- Relato de Benigno Robles contenido en el video “Dhipaak, el alma del maíz. Los orígenes según los teenek”, 1998. [↩]
- Francisco Martínez de Jesús y María Luisa Herrera Casasús, “El origen del maíz”, en Leyendas y cuentos huastecos, 1998. [↩]
- Juan Bautista Méndez Rosa, “El corazón del Maíz mató al Gran Gavilán”, en Relatos huastecos, 1994. [↩]
- El cielo, que proporciona tanto la luz y el calor del sol, como el agua necesarios para la regeneración vegetal. [↩]
- Este personaje nació de una calabaza (M2). [↩]
- Claude Lévi Strauss, La vía de las máscaras, 1981, p. 169. [↩]
- Yolotl González, El sacrificio humano entre los mexicas, 1992, p. 272 y Mircea Eliade, op.cit., 1998, pp.103-105, 121. [↩]
- Esta deidad andrógina del maíz se desdobla en gemelos de distinto sexo en otros relatos míticos de la Huasteca (véase Yolotl González, “Dioses, diosas y andróginos en la mitología mexica”, en Marie Odile Marion (coord.), Antropología simbólica, 1995, p. 51. Beatriz Barba de Piña Chán, “Madres vírgenes para los dioses solares” en Chalchihuite. Homenaje a Doris Heyden, 1999, p.246). Cuando en la mitología de Mesoamérica hay gemelos de sexo opuesto, esto puede ser interpretado ya sea como gemelidad o bien como un solo ser de sexo indiferenciado. [↩]
- Tomando en cuenta que todo sacrificio debe tener un destinatario, ¿se pude considerar el sacrificio de Dhipaak como una ofrenda a la Tierra? (véase Yólotl González, El sacrificio…, op.cit., 1992, p.272. [↩]
- Aunque también se vincula con las clases superiores, en determinados momentos. [↩]
- Beatriz Barba de Piña Chán, “Madres vírgenes para dioses solares”, en María Rodríguez Shadow y Beatriz Barba de Piña Chán (coords,) Chalchihuite. Homenaje a Doris Heyden, 1999, p. 249. [↩]
- En el mar, en el elemento líquido primordial indispensable de la vida, de la resurrección de donde saldrá quizá purificado para retornar a la Tierra, al plano intermedio en el que viven los seres humanos. [↩]
- La horticultura, el cultivo que práctica en el ámbito doméstico, confirma su carácter lunar. [↩]
- Mercedes de la Garza, El universo sagrado de la serpiente entre los mayas, 1984, pp. 58,65-66. [↩]
- Moelwitz Fernández Esteban, “la vieja K’oleene'” en Relatos huastecos, 1994, p.33. [↩]
- “La visitaba el diablo” (M4) (véase Moelwitz Fernández Esteban, op.cit,.1994, p.33: Cita del cuadro núm. 1, referencia a “sexualidad desenfrenada”). [↩]
- Nunca se le conoció compañera sexual.(referencia de “andrógino (poco hombre)”. [↩]
- (referencia de: “dadora de MUERTE y de VIDA”). La Luna es símbolo de génesis, de crecimiento, de muerte y renacimiento. [↩]
- (referencia de “dador de VIDA y de MUERTE”). En M1 y M2 la abuela trata de asesinar a Dhipaak. Sin embargo, en M4 y M5 Dhipaak es el que logra matar a la madre-abuela devoradora para instaurar el orden. [↩]
- No por ser su abuelo es el esposo de su abuela k’oleene’. Aquí el término Maam, “Abuelo”, debe ser tomado más bien en su acepción de “ancestro”. [↩]
- Claude Lévi-Strauss, La vía de…, op.cit., 1981, pp.31,39,84. [↩]
- Referencia de: “vive en la base del cerro”. k’oleene’ vivía “al pie del cerro” (M4) (véase Fernández Esteban, op.cit., 1994, p. 33). [↩]
- Mercedes de la Garza, op.cit., 1984, p. 83. [↩]
- Michel Izard y Pierre Smith, La función simbólica, 1989, p. 16. [↩]
- Yolotl González, El sacrificio humano…, op.cit., 1992, p. 148. [↩]
- Mercedes de la Garza, El universo sagrado…, op.cit., 1984, p.89. [↩]
- Lourdes Báez, comunicación personal. [↩]
- Eckart Boege, “Vida estatal, mito e historia entre los mazatecos actuales: héroes, águilas y comehombres”, en Investigaciones recientes en el área maya, 1984. [↩]
- Marie-Odile Marion y Alicia Bazarte, “De fibras y barro: el arte popular de los mayas de hoy”, en Reflexión académica. Revista de la División de Ciencias Sociales y Administrativas, 1988. [↩]
- Michel Graulich, Ritos aztecas. Las fiestas de las veintenas, 1999, pp. 270, 275. [↩]
- Pierre Bourdieu, El sentido práctico, 1991, p. 408. [↩]
- Bernardino de Sahagún, Historia general de las cosas de la Nueva España, vol. I, 1989, p. 81. [↩]
- Tomando en cuenta que “los sacrificios dedicados al sol o a las deidades asociadas a éste, (…) se celebraban a mediodía” (véase Yolótl González, El sacrificio humano…, op.cit., 1992, p. 122), ¿se puede considerar a la deidad de la lluvia, que es celeste, como asociada al Sol? [↩]
- Bernardino de Sahagún, op.cit., 1989, vol.I, p. 71; Michel Graulich, Ritos aztecas…op.cit., 1999, pp. 265 y 269, Ivan Sprajc, Venus, Lluvia y maíz, 1996. [↩]
- Diego Durán, Historia de las Indias de Nueva España e islas de la Tierra Firme, 1984, p. 188; Bernal Díaz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, 1939, I, pp. 271, 293. [↩]
- Moelwits Fernández Esteban, “La vieja K’oleene'”…, op.cit., 1994, p. 33. [↩]
- Yolótl González, El sacrificio humano…, op.cit., 1992, p. 188. [↩]
- Yolótl González, “Las deidades dema y los ritos de desplazamiento en Mesoméica” en Historia de la religión en Mesoamérica y áreas afines, 1990, p. 110. [↩]
- Marie – Odile Marion, “Vida, cuerpo y cosmos en la filosofía nativa mesoamericana”, en Ludus vitalis, 1994, p. 139. [↩]
- Leonardo López Luján, “Llover a cántaros: el culto a los dioses de la lluvia y el principio de disyunción de la tradición religiosa mesoamerican”, en Pensar América, 1997, p. 101. [↩]
- Mercedes de la Garza, El universo sagrado…, op.cit., 1984, p. 117. [↩]
- Estos prototipos míticos de sacrificio quizás encuentren su eco -sobre todo los reseñados en M1 y M2- en ciertos rituales relacionados con la cosecha que se realizan actualmente en la Huasteca Potosina. [↩]