Interrogando al sentido común desde las relaciones de hegemonía. Aproximación antropológica a los procesos de estigmatización de trabajadores industriales

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María Julia Soul
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET/CEIL).

Verónica Vogelmann
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET/NET).


Este artículo presenta los principales elementos analíticos que sustentan la construcción de hipótesis respecto de la forma concreta en que las relaciones de hegemonía/subalternidad se expresan en las relaciones industriales en la historia argentina reciente. Más precisamente, la indagación se orienta a identificar las vinculaciones existentes entre la trama de las prácticas productivas y sindicales situadas y configuradas en el espacio de trabajo y los mecanismos de subalternización que informan procesos hegemónicos que se despliegan a escala societal.

Los datos construidos surgen de procesos de investigación1 focalizados en la dinámica de los grupos obreros empleados en las empresas somisa de la rama siderúrgica y Swift de la rama frigorífica.2 En ambos referentes empíricos se identificaron elementos que otorgan indicios del proceso de estigmatización de los productores directos3 como un elemento constitutivo de los mecanismos de subalternización. Adicionalmente, se advierten importantes correlaciones entre los saberes y representaciones presentes en el sentido común de los actores industriales —trabajadores, gerentes y jefes, militantes y dirigentes sindicales— y aquellos producidos en el ámbito académico por la corriente de la modernización. El elemento que articula estas correlaciones es la figura del migrante interno como portador de trayectorias y atributos que determinarían sus actitudes.

Partiendo de tales premisas, este artículo propone explorar la forma en que ciertos atributos de las trayectorias de vida de fracciones particulares de trabajadores de las empresas en estudio devinieron componentes de un proceso de estigmatización que se expresa particularmente en la cotidianeidad productiva. En este sentido, la hipótesis de trabajo es que existen relaciones entre los saberes y representaciones fabriles y los académicos, expresadas en las construcciones de sentido común, que sustentan el proceso sociohistórico de ‘selección’ de las características que formarán parte del proceso de estigmatización.4

Procesos de estigmatización de trabajadores industriales y relaciones de hegemonía/subalternidad

La noción de estigma tiene un profuso desarrollo en los estudios en ciencias sociales, específicamente en los campos problemáticos de los procesos de salud-enfermedad-atención, en el que destacan las contribuciones en torno de la problemática del VIH-Sida,5 de la antropología urbana6; de relaciones interétnicas, etcétera.

Como advierten Link y Phelan,7 la noción de estigma está lejos de ser una noción unívoca y homogénea, aunque en general se advierte la influencia de E. Goffman, autor seminal en el tema, y de su primera aproximación al concepto de estigma como construcción social que remite a “[…] un atributo profundamente desacreditador”.8 Sin embargo, los enfoques dominantes sobre el fenómeno de la estigmatización han sido cuestionados en varios sentidos. En primer lugar, tanto Link y Phelan como Grimberg y Yang et al. evidencian las limitaciones de aquellas contribuciones que han abordado el estigma en términos de “atributo” como característica del individuo, ponderando las respuestas igualmente individuales. Estos abordajes ocultan el proceso social de “selección” de las características que se vuelven socialmente relevantes.9 En segundo lugar, existen críticas hacia los enfoques que conceptualizan la estigmatización en términos estáticos y ahistóricos, obliterando la ponderación de las condiciones estructurales, los contextos de desigualdad y relaciones de poder en los que ancla la construcción de los estereotipos.10

Atendiendo a estas limitaciones, se propone una perspectiva que considera al proceso de estigmatización como un aspecto del proceso social en el que se expresan y se reproducen relaciones de hegemonía/subalternidad respecto de determinados conjuntos sociales, en este caso trabajadores industriales. Como enuncian Link y Phelan “[…] el estigma depende totalmente del poder social, económico y político —es necesario tener poder para estigmatizar—”.11 Así, la inscripción del proceso de estigmatización en la trama de relaciones de poder permite pensar que “los estereotipos estigmatizantes […] se producen y mantienen desde modos de relación […] entre conjuntos sociales en desiguales relaciones de poder [y] contribuyen, a la vez a legitimar y reforzar esas desigualdades”.12

En referencia a los trabajadores industriales, Eduardo Menéndez identifica su persistente estigmatización social a partir de construcciones socioideológicas en las que “[…] se integra el necesario reconocimiento de la importancia del trabajo y la negación del mismo y de quienes lo realizan […]”.13 En la perspectiva que aquí se desarrolla, una de las características del proceso de estigmatización es su integración en el sentido común, categorizado como un conjunto de elementos heterogéneos que configuran una visión del mundo, a menudo contradictoria y disgregada, relativa a determinadas épocas y estratos sociales, en la que se combinan elementos propios de la praxis de los subordinados y la afirmación de las concepciones de los grupos sociales dominantes.14 Así, el proceso de estigmatización remite a la capacidad de poner en relación saberes y construcciones socioideológicas provenientes de diversas fuentes o ‘usinas’ (medios masivos, sistema educativo, saberes e interpretaciones académicos y técnicos), en una dinámica que tiende a la reproducción de los procesos de explotación económica y subalternización sociocultural.15

A partir de estas coordenadas teóricas, se identificarán en lo que sigue los principales lineamientos de la teoría de la modernización o teoría del desarrollo, corriente que sentó en las actitudes y prácticas de los trabajadores las bases de explicación de los procesos políticos de la región. En una breve exposición se enumerarán algunos elementos que —en virtud de su persistencia en el flujo de la experiencia social— se reactualizan en el proceso de estigmatización de los trabajadores industriales que se analiza en este trabajo.

Los “saberes académicos” y los sectores populares. Las categorizaciones de la clase obrera en las teorías de la modernización y el desarrollo

La profundización de procesos de urbanización e industrialización en ciertos países latinoamericanos y los procesos políticos a ellos asociados, configuraron un fértil campo problemático para el desarrollo disciplinar de la sociología hacia mediados del siglo XX. En el caso argentino, los análisis de Gino Germani constituyeron las primeras explicaciones sociológicas para el peronismo16 y formaron parte de investigaciones iniciadas por intelectuales urgidos de comprender este fenómeno en un contexto en que se debatían, en el bloque de poder, diversas alternativas frente a las masas que sostenían tal identificación político-ideológica. Del mismo modo, la existencia en algunas zonas latinoamericanas de “una clase obrera más numerosa y organizada […] con cuyo consentimiento deben contar en alguna medida los dirigentes del proceso de industrialización”17 se constituyó en un problema tempranamente abordado por investigación es sociológicas situadas en estas latitudes. Este conjunto de investigaciones indagan diferentes aspectos contenidos en la delimitación de una problemática general: la de la transición de un tipo de sociedad tradicional a una moderna.

No obstante, la mayor productividad de este enfoque inicial —tanto por la acumulación de conocimiento que ha generado como por los debates y reinterpretaciones que ha motivado— radica en las interpretaciones y explicaciones en torno del accionar de la clase obrera en el campo de las instituciones típicas de la sociedad moderna: los sindicatos y los partidos políticos. Los análisis realizados en el marco de esta corriente apelan a una figura central para construir sus interpretaciones: los migrantes rurales, que así adquieren estatus de sujetos protagónicos del cambio social, porque configuran el “nuevo” proletariado industrial y porque a partir de las diferencias con el proletariado industrial caracterizado como “típico” en los países industrializados se explicará la dinámica particular de los procesos político institucionales por los que atravesaron los países latinoamericanos. Gino Germani caracteriza al periodo 1930-1955 en la Argentina como de crisis del proceso de modernización, marcado por el desarrollo acelerado de la industrialización y la migración rural-urbana.18 En estos procesos se produce el encuentro de formas sociales desarrolladas y tradicionales caracterizadas, según el autor, por diferentes tipos humanos: a) los estratos medios que se conformaron a partir de la masiva inmigración europea concentrada en los centros urbanos, portadores de ideologías y actitudes modernas. b) Los estratos populares criollos (u hombre tradicional) caracterizados por su aislamiento social y ecológico, la resistencia al cambio, el predominio de las costumbres y de la acción prescriptiva. La expresión política de estos estratos se da a través de “[…] la autoridad autocrática de los caudillos [que] no se mantenía sobre una legitimidad tradicional, sino sobre la aceptación por parte de estos grupos populares que reconocían en ellos su propia imagen y la exaltación de sus propios valores”.19

Los procesos de movilización social, que se disparan con las migraciones internas, culminan en la creación de un “[…] proletariado urbano de reciente origen rural o de pequeños pueblos, sin experiencia organizativa industrial y que […] experimenta las más diversas formas de anomia […] lo que incrementa [su] ‘puesta en disponibilidad’ para las más diversas cosas”.20

La relación entre estos grupos con las elites no puede sino replicar características propias de las relaciones jerárquicas de los ambientes tradicionales, fundamentalmente la aceptación irreflexiva de verdades reveladas que anunciaban los dirigentes que los acaudillaban.

Directamente ligado a los orígenes rurales de los trabajadores, el nivel de educación formal alcanzado se erige como otro elemento explicativo de los comportamientos obreros, en tanto “[…] es una de las variables más importantes en determinar la capacidad de un grupo social de adoptar formas de vida y organización más complejas, y es presumible que el sindicalismo sea una de ellas”.21

De manera que, teóricamente, procedencia rural, inexperiencia en el trabajo industrial, y bajo nivel de educación formal configurarían individuos inmersos en relaciones de tipo tradicionales en ambientes predominantemente modernos. A raíz de la persistencia de estos elementos, la dinámica política de las masas en disponibilidad se apartaría de los canales institucionales supuestos por la democracia liberal y se establecía que los factores psicosociales resultaban centrales en los vínculos que las masas entablaban con sus dirigentes o líderes.

Focalizando en las instituciones sindicales, estas características en la integración de las masas suponían que ellas habían “[…] superado su más tradicional deferencia hacia los notables conservadores sin alcanzar la más moderna praxis de los grupos obreros autónomamente organizados”.22 La hipótesis del tipo particular de vínculo que se establecería entre los migrantes rurales y las organizaciones sindicales se replica en el estudio de caso de los obreros chilenos cuando, ante la constatación de la alta participación sindical por parte de los obreros de origen rural, se sostiene la idea de una “[…] relativamente fácil adhesión emocional al sindicalismo, que se toma como una forma comunitaria y establecida de expresión de sentimientos”. En consonancia, se sostiene la conclusión sobre la falta de autonomía característica de las formas de participación de la moderna “sociedad de masas”.23 En síntesis, la base de inteligibilidad para los procesos políticos y sindicales que caracterizaban las transiciones de las sociedades se articulaba en torno del tipo ideal configurado por el migrante interno proveniente de contextos rurales o semi-urbanos, con un bajo nivel de educación formal, desprovisto de experiencia industrial o de trabajo asalariado, y que establecía su participación en los procesos políticos y sindicales a través de vínculos que involucraban elementos afectivos y emocionales.24

Respecto de los objetivos de este artículo, es relevante identificar las correlaciones entre atributos sociológicos e individuales que se articulan en los tipos ideales, por cuanto se procurará mostrar que estas articulaciones se replican en los diferentes actores del mundo fabril.

El “sentido común” fabril y las explicaciones estigmatizantes

En el transcurso de los trabajos de campo focalizado en los obreros de las empresas SOMISA y Swift se fueron registrando explicaciones acerca de un amplio espectro de dimensiones que hacen a las relaciones laborales y a las condiciones de vida y trabajo de los respectivos grupos. En estas explicaciones, la procedencia rural, la falta de escolarización y de experiencia de trabajo industrial constituyen indicadores de lo tradicional, característico de los puestos menos calificados o que presentan continuidad con las actividades rurales. Por oposición, el tipo de trabajador con secundaria completa, conciencia gremial y ocupando los puestos de mayor calificación sería el que portaría las relaciones industriales modernas frente a jefes o funcionarios sindicales. Se trata de una construcción de oposiciones ideales, que replica la dicotomía fundante que construyó G. Germani.

En este apartado se expondrán esos contenidos en el plano de los enunciados, procurando dar cuenta de la forma en que éstos delimitan los atributos que confluyen en el proceso de estigmatización mediante la construcción de un trabajador tipo, portador de un modo de ser y de actuar que explica y justifica su explotación en el terreno productivo y su subordinación en el ámbito político-sindical.

Acerca de la “disponibilidad” de las bases sindicales: de caudillos y prebendas…

Se ha sintetizado cómo en las interpretaciones propias de la teoría de la modernización se establecen correlaciones significativas que articulan la procedencia rural, la inexperiencia industrial y el bajo nivel de escolaridad formal en explicaciones acerca de las características que asumen las relaciones de los trabajadores con las elites políticas en términos personalizados y atravesadas por elementos afectivos y emocionales propios de las sociedades tradicionales. En los relatos recogidos a lo largo del trabajo de campo es posible evidenciar la forma en que dichos elementos explicativos se asumen en referencia a las relaciones con los representantes sindicales. En Swift, un delegado y dirigente de una organización opositora a la conducción sindical expresa esta asociación:

Las características del trabajador de la carne, desde mi punto de vista siempre […] el bajo nivel cultural que tiene, y eso no lo hablo en forma peyorativa, pero sí tiene que ver con la extracción originaria de clase, la mayoría de los tipos que vienen del interior25, son tipos que han laburado26 en el campo, han laburado en contacto con los animales y políticamente no tenían ningún tipo de participación, nada más digamos, que la época del caudillo radical o el caudillo peronista era el que manejaba todas las políticas […] y eso, digamos, el caudillismo era algo que siempre, era algo muy arraigado el tema del caudillo que surgía y que peleaba, digamos, y que el resto acompañaba, digamos, era un altísimo grado de despolitización.27

La noción de caudillo como el líder que surge, pelea e influye sobre el conjunto, a través de actitudes, cualidades y relaciones “personalizadas” y despolitizadas, replica la idea de relaciones de tipo tradicional entre las direcciones sindicales y los trabajadores. En efecto, como se ha desarrollado, los teóricos de la modernización postulaban la autoridad personal de los caudillos como expresión política de los estratos populares. Tanto en estas formulaciones como en las expresiones vertidas por los trabajadores, la idea de caudillo se asocia claramente con la procedencia rural o del interior y el bajo nivel cultural.

Asimismo, desde la perspectiva de las gerencias y jefaturas, se desjerarquiza el vínculo trabajadores-sindicato y se construye a la dirigencia sindical como arriando, levantando y bajando a las masas. Un jefe departamental de SOMISA evidencia esta asociación al relatar un conflicto puntual, que habría sido llevado adelante “[por…] una minoría muy bien dirigida y manejada por la UOM28 este […] formaba núcleos en cada uno de los laminadores —que era en dónde trabajaba la mayor cantidad de gente— y, aunque la palabra es un poco dura de decirla, venían arriando a los […] a los que estaban en los puestos […]”.29

La idea de caudillismo denota la configuración de relaciones de tipo personalizado, discrecional y emotivo entre los líderes y las bases. En este sentido, no sólo se asocian con la dinámica de la conflictividad laboral —en el que el caudillo aparece como el que pelea aunque arriando a los trabajadores a esa pelea, en virtud de esas relaciones de tipo tradicional y no racionales—, sino que esos vínculos también se construyen en la cotidianeidad laboral mediante la intervención personal de los líderes en la resolución de los problemas individuales de los trabajadores. Esta dinámica es categorizada como clientelismo por parte de militantes opositores a las conducciones sindicales dominantes, y también tiende a ser deslegitimada en virtud del tipo de vínculos que comporta:

Después vino Rucci,30 después de eso, como el manejo, el manejo no lo tenía la UOM a nivel nacional, ¿me entendés? Eran muy rebeldes acá, no aceptaban nada, eh […] y con el tiempo sí, mandaron la elección que lo trajeron a este Rucci […] un acomodo31 bárbaro y ganaron por los otros sectores, dónde los delegados […] hacían prebendas […] de clientelismo político […] siempre consiguiendo algo.32

Las construcciones significativas en torno de las prácticas gremiales evidencian la influencia de tradiciones políticas diferenciadas. En la tradición peronista,33 dominante en las construcciones sindicales de Argentina, el caudillismo adquiere una connotación positiva, por cuanto legitima a los líderes naturales de los obreros. Por el contrario, en las tradiciones de izquierda el caudillismo expresa el carácter espontáneo y desorganizado de la protesta obrera, así como las relaciones de manipulación en que se asientan las dirigencias burocráticas.34 De todas maneras, en ambas formas valorativas está presente la noción de vínculos de representación de índole tradicional entre las dirigencias y las bases. Un trabajador de Swift refiere en este sentido:

[…] el gremio de la carne, por eso, tiene varios puntos de vista, en donde, digamos, si lo ves por un lado y parece una cosa muy primitiva, muy jodida, pero por otro lado, tiene un alto grado de combatividad, que tiene que ver con el grado de explotación que hay […] desde una cuestión desorganizada, anárquica, de sabotaje a la empresa, eso existió siempre, siempre hubo digamos […] la gente se enculaba y por ahí le paraba la matanza. Y salía todo el mundo afuera […] después venía la burocracia y contenía, contenía […] y los llevaba otra vez y los arreaba otra vez como […] como vaquitas (sonrisa) al matadero. Pero eso siempre existía […].35

En el relato se retoma la idea de arreo y de contención de la protesta por las que se establecen las dirigencias burocratizadas. De conjunto, a través de la idea de caudillismo estas explicaciones relativizan el carácter autónomo de las prácticas obreras —en tanto éstas aparecen como producto de la subordinación de los trabajadores a líderes o superiores jerárquicos con aspiraciones e intereses ajenos a ellos— a través de nociones como prebendas, clientelismo, arriar, arrastrar, las cuales —dado el carácter manipulador y apolítico que suponen— remiten a las tesis de la “puesta en disponibilidad” de los sectores obreros de origen rural propias de las teorías de la modernización.

Los datos construidos en sendos procesos de investigación permiten establecer articulaciones que anclan la persistencia de esas nociones en la cotidianeidad laboral de los trabajadores de Swift y SOMISA. Concretamente, los migrantes internos ocupan de forma predominante determinados sectores y puestos de trabajo, a los que imprimirían la dinámica propia de las relaciones que establecen.

“Espacios” y prácticas en el proceso productivo. De conflictos y consensos cotidianos

En ambos contingentes de trabajadores se registró una línea de fisura en las características que portarían los trabajadores de los sectores operativos y los de mantenimiento,36 así como heterogeneidades propias de la organización de cada uno de los procesos concretos, que son la base de distinción de grupos de trabajadores en torno de las que se van articulando los atributos estigmatizantes.

En la industria siderúrgica, las diferentes unidades productivas requieren diversos grados de calificación de la fuerza de trabajo. Dichas calificaciones están en la base de la distinción entre los contingentes obreros, como expresa un asistente de jefatura de laminación básica:

[…] la gente que trabajaba conmigo, que empezó trabajando conmigo en el laminador, era gente que venía mayormente del campo […] Los técnicos mecánicos, técnicos electricistas, iban a mantenimiento. Pero lo que era la parte operativa toda la gente que no tenía primaria37 […] gente que no tenía ni el sexto año aprobado, así que era gente que era […] por un lado lo que tenían es que tenían muchas ganas de laburar, pero que no eran diestros, ¿no? más que nada eran forzudas.38

En la industria de la carne las secciones se distinguen por su nivel de maquinización. En las que predomina el trabajo rústico y manual, donde se utilizan herramientas sencillas, las habilidades y destrezas propias del trabajo rural constituyen los saberes que se articulan en el ámbito fabril. Un trabajador expresa esta correlación al recordar su ingreso en el frigorífico:

Más o menos me daba una idea porque en el campo, viste […] son estancias, cuando hacíamos […] todo a lo criollo,39 nosotros abríamos los bichos […] Entonces cuando entré allá, lo único que sabía, lo único que podía […] la maña,40 te ingenias vos, viste […] porque todo me la ingeniaba yo, me gustaba aprender, me encanta el cuchillo, yo te digo que el cuchillo me encanta.41

En ambos casos los atributos del trabajador de los sectores de producción (u operaciones) se formulan alrededor del lugar de procedencia rural o del campo y se completan por el hecho de que éste carece, además, de experiencia de trabajo industrial. Así, las cualidades de estos trabajadores se vinculan con las ganas de laburar, con ser forzudas o con el ingenio y la maña en el manejo de herramientas simples, como el cuchillo, para la realización de tareas que requieren nula calificación.

El carecer de experiencia de trabajo industrial explica prácticas productivas vinculadas con la voluntad de incrementar los ingresos monetarios que tensionan la solidaridad del colectivo. Trabajadores de mantenimiento de SOMISA refieren al respecto:

[…] claro porque la gente de operaciones no necesitaba conocimientos técnicos. Necesitaba adiestramiento más que nada […] el tipo que estaba en el púlpito de laminación estaba con dos manivelas y dos pedales dale que dale las ocho horas. Entonces, ¡claro, cuando había extras42 se volvían locos! ¡Si duplicaban el sueldo con las extras! […] Nosotros […] decíamos que no a las extras. Eso siempre fue distinto, nosotros estábamos en contra de las extras, los de operaciones estaban chochos43 con las extras.44

Por su parte, un trabajador administrativo de Swift comenta:

[Swift] me formó, digamos, de una manera impresionante de respeto a los provincianos, de todo eso. Vos, por ahí, en una de esa puteabas45 que rompían la producción,46 pero no pobre gente si estaban hachando árboles, en el medio del monte viste, y acá tenían un laburo que era livianito […] este y por ahí decían “eh pero están rompiendo la producción”, pero qué conciencia tenían de lo que era una producción […] Había secciones, los cueros, [ahí] estaban los más brutos del Swift, por así decir.47

Los lugares de procedencia, la falta de experiencia en el mundo fabril y de calificaciones son atributos que se articulan y adquieren sentido en función de explicar qué lugares —en relación con el tipo de tareas y las secciones— ocupan los trabajadores en el proceso de producción y por qué son portadores ‘acríticos’ de prácticas que, funcionales al orden fabril, tenderían a provocar tensiones entre los propios trabajadores.

Recordemos que las prácticas de romper la producción o de ser extreros48 remiten a trabajadores individuales que procuran maximizar sus ingresos, a costa de los acuerdos tácitos que realizan el resto de sus compañeros. Estas prácticas productivas se asocian principalmente con los del campo o los provincianos y se contraponen, en las articulaciones que se analizan aquí, con formas de aceptación, confrontación y cuestionamiento hacia las pautas productivas presentes en los trabajadores de los sectores de mantenimiento o de operación de equipos complejos, y/o de secciones maquinizadas. Nuevamente, esas capacidades se relacionan causalmente con los niveles alcanzados en educación formal y, por ende, con el hecho de ser gente más culta. En palabras de un trabajador de mantenimiento de SOMISA:

Mantenimiento siempre fue mucho más discutidor […] más politizado, dentro de niveles […] pero siempre mucho más politizado, más inquieto, más cuestionador, más difícil. ¿Por qué? porque, digamos, la mayoría tenía secundaria,49 que por lo que les decía hoy, fueron formándose, entonces era todo una situación distinta. Por eso mantenimiento siempre resistió más, siempre hubo más quilombo,50 siempre los planes les costó más meterlos. Siempre […] por ejemplo, yo recuerdo, en mantenimiento centralizado […] ese sector era el más organizado y el más rebelde, si se quiere.51

En el caso del sector frigorífico, la distinción entre los trabajadores calificados y no calificados está en la base de formas de actuación diferenciadas de los referentes sindicales de planta. Un dirigente sindical comenta:

Lo que pasa que una cosa era cuando ocurría en una sección como la que estaba yo [fábrica de envases] o sala de máquina, servicio energético que había gente que era distinta a otros que trabajan, como ser, en la cámara fría que trabajan 20-30 grados bajo cero, tenían otra mentalidad, entonces vos tenías que tener con esos que trabajaban en esas secciones calificadas, tenías que tener cuidado cómo te manejabas y cómo le manejabas el problema porque eran tipo que te la iban a discutir también.

¿Los otros no?
No, los otros venían “mirá, me suspendió, me pasó esto, aquello […]” y chau te dejaban el problema.52

Otra mentalidad, cultura más elevada, secundario completo… son construcciones explicativas de las diferentes actitudes de los trabajadores
de mantenimiento y de secciones con mayor nivel de maquinización, frente a los superiores jerárquicos y a los referentes sindicales. En estas explicaciones, aquellos trabajadores con algún grado de calificación, educación formal o experiencia de trabajo industrial son los discutidores, cuestionadores, quilomberos, rebeldes.

El lugar de procedencia, el nivel de educación formal alcanzado y las experiencias laborales previas son algunas de las características que confluyen en la construcción estigmatizante: los trabajadores, por su procedencia rural y su falta de experiencia fabril, ocupan los puestos menos calificados y son portadores de prácticas referenciadas como de deferencia; sumisión, aceptación frente a los superiores jerárquicos y los referentes sindicales o políticos. De esta forma, los atributos que constituyen el estigma traducen y expresan la distinción entre contingentes obreros que se produce al interior de los procesos de trabajo y caracterizan a las secciones de operaciones y de mantenimiento, con mayor o menor nivel de maquinización, que implican prácticas concretas también divergentes en la cotidianeidad laboral.

Consideraciones finales: los procesos de estigmatización y la reproducción de las relaciones industriales

En el apartado anterior se presentaron indicios referidos al proceso de estigmatización de los productores y a su reproducción en dos tipos de prácticas concretas: las gremiales y las productivas. El camino indagatorio implicó la identificación de una cierta correspondencia entre determinadas construcciones significativas constitutivas del sentido común expresado por los actores fabriles y determinadas categorías propias de las teorías de la modernización En el mundo fabril, el lugar de procedencia, la falta de experiencia en el trabajo industrial y la carencia de educación formal se convierten en las características que constituyen los fundamentos últimos de los lugares que ocupan los trabajadores en el espacio laboral. Esta identificación se sustenta en un proceso social e histórico de selección de esas características como elementos causales, proceso de selección en el que los saberes académicos articulados por la teoría de la modernización intervienen como elementos constitutivos. Lejos de ser un proceso espontáneo o natural, la relevancia que adquieren esas características sociológicas forman parte de categorizaciones en torno de la clase obrera latinoamericana, que proveen legitimaciones y explicaciones en torno de los procesos socioestructurales generales.

En el caso de los procesos productivos investigados, las heterogeneidades propias de los colectivos obreros, cuyo principal clivaje es la dupla operaciones/mantenimiento, son construidas por los actores en función de atributos que devienen estigmatizantes, toda vez que han sido valorados como las principales causas de las actitudes de los conjuntos sociales que los portan.

Así, las características sociológicas de ciertos contingentes obreros devienen atributos desacreditadores e inmodificables, que sustentan prácticas de aceptación y sumisión frente a supervisores y dirigentes sindicales. Esta explicación —que articula los atributos estigmatizantes en una justificación del orden fabril y del rol que los trabajadores juegan allí— se construye a partir del recurso de otorgar carácter esencial a los atributos desacreditadores y sus consecuencias, como si nada de lo que aconteciera en las trayectorias individuales y colectivas de los sujetos fuera capaz de modificarlos y, al mismo tiempo, éstas se explicara por aquéllos.

Por tanto, es parte del sentido común que las correlaciones analizadas pueden reproducirse en los más diversos ámbitos de la vida social y, para el caso que nos ocupa, hallan un anclaje particular en los procesos productivos. El proceso de estigmatización recorre las diferencias constitutivas de los procesos laborales articulados en la organización industrial. En este sentido, no se trata de categorías externas que subsisten en forma de prejuicios y actitudes, sino que son las mismas relaciones de producción las que recrean y reproducen el estigma en el lugar de trabajo.53

En esta perspectiva se reconoce el carácter ideológico de las construcciones significativas que se analizaron aquí, entendiendo lo ideológico como un conjunto de articulaciones de orden simbólico y representacional que informa las prácticas productivas, políticas y sindicales de los conjuntos obreros objeto de nuestras investigaciones. Este énfasis en lo ideológico pone de relieve la potencia del proceso de estigmatización como recurso de subalternización: es en este entramado que se configuran las construcciones socioideológicas y las explicaciones acerca de la configuración de los trabajadores industriales como fuerza social y política, así como las legitimaciones y justificaciones de su subordinación. Se trata de un “proceso” porque, como se procuró evidenciar, es en la dinámica de la organización de la producción y de las relaciones industriales que se van produciendo las articulaciones significativas que vinculan a determinados contingentes de trabajadores con determinados sectores de trabajo, determinados procesos de organización y conflictividad y determinadas prácticas productivas.

Esta vía de abordaje de las relaciones de dominación puede iluminar aspectos concretos de la cotidianeidad fabril que, si bien estructurados en torno de procesos de organización y división del trabajo generales, adquieren particular importancia en tanto operan en la configuración de identificaciones en los colectivos de trabajadores. Este abordaje problematizado de los procesos de estigmatización permite, al mismo tiempo, dimensionar analíticamente la forma en que la concretización de las relaciones de hegemonía/subalternidad supone la apropiación y actualización de construcciones socioideológicas provenientes de distintos ámbitos de producción social —como la investigación científica en el caso que analizamos aquí—, y concurren en la constitución de grupos obreros singulares en un campo de fuerzas sociales sociohistóricamente determinado.

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Yang, H.L. et al., “Cultura y estigma: la experiencia moral”, en Este País, núm. 195, junio 2007, pp. 4-15.


Citas

  1. Los procesos de investigación se desarrollaron en el marco del proyecto HUM 224 Transformaciones en los procesos de trabajo y estrategias de organización gremial en Rosario y su región, del Núcleo de Estudios del Trabajo y la Conflictividad Social. El trabajo de campo en la rama siderúrgica se focalizó en la ciudad de San Nicolás y el de la rama frigorífica en la de Villa Gobernador Gálvez, ambos iniciados en el año 2000. Se realizaron aproximadamente 80 entrevistas semi-estructuradas a trabajadores y ex-trabajadores sin jerarquía de mando. Además se realizaron observaciones con y sin participación en contextos barriales, familiares y —en menor medida— fabriles. En el presente trabajo hemos mantenido el anonimato de los trabajadores que participaron del trabajo de campo. []
  2. Inaugurada en 1960, SOMISA fue la primera planta siderúrgica que integraba los procesos de reducción, aceración y laminación. Instalada entre las ciudades de San Nicolás de los Arroyos y Ramallo, llegó a emplear a más de diez mil trabajadores en forma directa y otros seis mil en forma indirecta. Fue privatizada en 1992. El frigorífico Swift, ubicado en la localidad de Villa Gobernador Gálvez, fue inaugurado en 1924 y es la única empresa que subsiste en el país del conjunto de las grandes plantas tradicionales que centralizaron la producción de carnes en la primera mitad del siglo XX. En 1993 entró en funcionamiento una nueva y moderna planta industrial. []
  3. Eduardo Menéndez, Antropología médica: orientaciones, desigualdades y transacciones, 1990. []
  4. Bruce Link y Jo Phelan, “Conceptualizing Stigma”, en Annual Review of Sociology, núm. 27, 2001 pp. 363-385. []
  5. Para un estado de la cuestión y aportes recientes en torno de estas problemáticas véase H.L. Yang et al., “Cultura y estigma: la experiencia moral”, en Este País, núm. 195, junio 2007, pp. 4-15; Mabel Grimberg, “VIH-Sida, vida cotidiana y experiencia subjetiva. Una revisión conceptual de las dimensiones del vivir con VIH”, en Cuadernos Médico Sociales, núm. 82 octubre 2002, pp. 43-59; Arachu Castro y Paul Farmer, “El estigma del Sida y su evolución social. Una visión desde Haití”, en Revista de Antropología Social, vol. 14, 2005, pp. 125-144; y P. Aggleton, R. Parker y M. Maluwa, “Estigma y discriminación por VIH y Sida. Un marco conceptual e implicaciones para la acción”, en Boletín Electrónico del Proyecto Sexualidades, Salud y Derechos Humanos en América Latina, año 1, núm. 1, 2003. []
  6. En este campo disciplinar véanse los aportes de Alberto Campo Tejedor, “Investigar y deconstruir el estigma en barrios marginales. Un estudio de caso”, en Zainak, núm 24, 2003, pp. 803-817, y María Eugenia Crovara, “Pobreza y estigma en una Villa Miseria Argentina”, en Política y Cultura, núm. 22, otoño 2004, pp. 29-45. []
  7. Bruce Link y Jo Phelan, op. cit. []
  8. Erving Goffman, Estigma. La identidad deteriorada, 2008, p. 15. []
  9. Bruce Link y Jo Phelan, op. cit., p. 367 (nuestra traducción). []
  10. Mabel Grimberg, op. cit. []
  11. Bruce Link y Jo Phelan, op. cit., p. 375. []
  12. Mabel Grimberg, “Estigmatización y discriminación social relacionada al VIH en países de América Latina: sexualidad y uso de drogas en jóvenes en contextos de precarización social urbana”, en Estigma y discriminación por el VIH-Sida: un enfoque antropológico, 2003, p. 12. []
  13. Eduardo Menéndez, op. cit., p. 150. []
  14. Antonio Gramsci, El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce, 1971, pp. 7 y ss. []
  15. Respecto de esta situación, la estigmatización de los productores como recurso de subalternización, no es privativa de las formaciones socioeconómicas específicamente capitalistas, como lo atestiguan los relevamientos que realizan Martin Hopenhayn (El trabajo. Itinerario de un concepto, 1988) y Eduardo Menéndez (op. cit.). Sin embargo, consideramos que es la integración de estos procesos de estigmatización en construcciones de sentido común y en relaciones de hegemonía lo que distingue las construcciones estigmatizantes propias del periodo del capitalismo que analizamos aquí de las valoraciones negativas en torno del trabajo y los trabajadores presentes en otras sociedades. []
  16. Se trata de un fenómeno político que expresó transformaciones fundamentales en las relaciones entre el Estado, la burguesía y la clase obrera, y en las formas organizativas y reivindicativas propias de esta última. Desde la historiografía política, se inscribe al peronismo en la tríada de populismos clásicos, junto al cardenismo mexicano y al varguismo brasileño, y expresaría las transformaciones sociales devenidas de la profundización de procesos de industrialización pos-crisis de los años treinta. []
  17. Torcuato Di Tella et al., Sindicato y comunidad. Dos tipos de estructura sindical latinoamericana, 1967, p. 22. []
  18. Gino Germani, Política y sociedad en una época de transición. De la sociedad tradicional a la sociedad de masas, 1968. []
  19. Ibidem, p. 308. []
  20. Torcuato Di Tella, Perón y los sindicatos. El inicio de una relación conflictiva, 2003, p. 88. Torcuato Di Tella es uno de los autores contemporáneos que ha desarrollado y complejizado las premisas teóricas germanianas en sus estudios sobre clase obrera. []
  21. Torcuato Di Tella et al., op. cit., 1967, p. 268. []
  22. Torcuato Di Tella, op. cit., 2003, p. 40. []
  23. Torcuato Di Tella et al., op. cit., 1967, pp. 267 y ss. []
  24. En su investigación en torno de la organización sindical en los espacios productivos en Argentina, la historiadora Victoria Basualdo identifica y problematiza el mismo supuesto en la literatura académica y en los relatos de los informantes para el caso de los trabajadores siderúrgicos de Villa Constitución: “Tanto investigadores como protagonistas enfatizan que se produjo en esa época un recambio generacional […] aquellos que conformaron la nueva corriente combativa tenían una experiencia […] muy diferente a la de la mayoría de trabajadores de la empresa […] que procedían mayoritariamente de ámbitos rurales y tenían escasa experiencia previa de organización sindical […] Sin embargo, la formación, trayectoria y experiencia previa de lucha de muchos trabajadores jóvenes […] no se tradujeron automáticamente en una movilización y lucha activa”; Victoria Basualdo “La organización sindical de base en Acindar Villa Constitución en la segunda ISI: aportes para la comprensión de sus particularidades y significación histórica”, en Victoria Basualdo (comp.), La clase trabajadora argentina en el siglo XX: experiencias de lucha y organización, 2010, pp. 246-247. []
  25. El interior del país: expresión que indica el conjunto de poblaciones y ciudades que no forman parte de los grandes núcleos urbanos. []
  26. Laburar forma coloquial de trabajar. El laburante es el trabajador y el laburo el empleo. []
  27. Swift. Trabajador, delegado y dirigente sindical, periodo 1983-1992. Entrevistado en septiembre de 2002. []
  28. UOM: Unión Obrera Metalúrgica, organización sindical nacional que agrupa a los trabajadores del sector metalúrgico y siderúrgico de Argentina. []
  29. SOMISA. Jefe de División de Laminación Básica. Ingreso 1959, egreso 1965. Entrevistado en mayo de 2007. []
  30. José Ignacio Rucci: dirigente sindical metalúrgico que llegó a SOMISA como parte de la intervención que la Dirección nacional de la UOM dispuso sobre la seccional de San Nicolás. []
  31. Acomodo: en este caso expresa la connivencia entre la dirección empresaria y la dirección sindical a nivel nacional para que los representantes de esta última lograran legitimidad en la planta, ya sea facilitándoles recursos y estructura para llevar adelante sus acciones o bien obstaculizando las acciones de la fracción opositora. []
  32. SOMISA. Soldador de mantenimiento chapa y forja. Delegado sindical Partido Comunista. Ingreso en 1961, despido en 1967. Entrevistado en abril de 2006. []
  33. En torno de las diversas experiencias que se expresan en la tradición política peronista, véase Daniel James, Resistencia e integración. El peronismo y la clase trabajadora argentina, 1946- 1976, 1990. Véase también el próximo apartado de este artículo []
  34. Vinculado con la construcción de la protesta obrera como espontánea e inherente, los trabajadores de la carne significan las prácticas de contención e institucionalización del conflicto de los referentes sindicales en términos de traición. Para un análisis de las múltiples y contradictorias significaciones acerca de la dirigencia sindical, véase Verónica Vogelmann “Construcciones ideológicas y estigmatizaciones: problemas en torno a la conformación del colectivo de trabajo reivindicativo de los obreros de la carne”, en Actas 1as. Jornadas Nacionales de Historia Social (cd), 2007. []
  35. Swift. Trabajador, delegado y dirigente sindical entre 1983 y 1992. Entrevistado en septiembre de 2002. []
  36. Esta diferenciación recorre un conjunto de ramas industriales, y tiene implicancias similares en los procesos de clasificación y adscripción obreros. Para una etnografía de esta división en un ingenio azucarero véase José Sergio Leite Lopes, O vapor do diabo. O trabalho dos operarios do açucar, 1978, pp. 19-60. Para una aproximación en somisa véase Julia Soul, “Relaciones de clase y construcción de una comunidad de fábrica en la ex somisa”, tesis, 2010, pp. 103-21. Para Swift véase Verónica Vogelmann, “Procesos de trabajo y construcción de subjetividad. La experiencia de los trabajadores de la carne en el Gran Rosario”, tesis, 2006. []
  37. Educación primaria o ciclo básico obligatorio. En Argentina consta de siete años. []
  38. SOMISA, asistente jefe de operaciones de laminación básica. Ingreso en 1959. Entrevistado en agosto de 2001. []
  39. Criollo: en este caso remite a las costumbres que desarrollan los habitantes del campo en sus faenas cotidianas. Lo criollo, culturalmente, remite al carácter original de la cultura argentina, diferenciándose de lo “español” (colonizadores) y lo “indígena”. []
  40. Maña: coloquialmente, forma de resolver problemas o desafíos mediante el ingenio y no a través del conocimiento técnico o científico. []
  41. Swift. Trabajador de operaciones, sección playa; ingreso en 1979. Entrevistado en octubre de 2003. []
  42. Extras: alude a la posibilidad de realizar horas extraordinarias. []
  43. Chochos: en este caso a gusto, contentos, fascinados. []
  44. SOMISA. Conversación grupal con extrabajadores de mantenimiento eléctrico y mecánico, 23 de mayo de 2008. []
  45. Putear: coloquialmente, insultar como expresión de enojo o indignación. []
  46. La expresión “romper la producción” significa realizar una cantidad de producción que supere los topes u objetivos trazados por capataces y jefes. Tiene estrecha relación con modalidades de trabajo a destajo y el importante porcentaje del salario atado a premios que, según el momento histórico y las secciones, se otorgan de forma individual o grupal. []
  47. Swift. Ex-trabajador del área de tareas, operaciones y administrativas entre 1976 y 1984. Entrevistado en mayo de 2008. []
  48. Entre los trabajadores y ex-trabajadores de la siderúrgica, los “extreros” son los trabajadores o sectores que se caracterizaban por la profusión en la realización de horas extraordinarias. []
  49. Secundaria: segundo nivel del ciclo educativo, previo a la Universidad. En Argentina, hasta 1995 la duración de este nivel para los cursos de orientación técnica era de seis o siete años; mientras que en el resto de las orientaciones (humanísticas o de administración) era de cinco. []
  50. Quilombo: coloquialmente, desorden, lío. En este caso indica un mayor nivel de cuestionamiento y discusión de la disciplina fabril. []
  51. SOMISA. Técnico mecánico en mantenimiento de acerías, ex-delegado sindical. Ingresó en 1984 y egresó en 1999. Entrevistado en febrero de 2001. []
  52. Swift. Ex-trabajador de operaciones y dirigente sindical entre 1959 y 1994. Entrevistado en noviembre de 2007. []
  53. Verónica Vogelmann, op. cit., p. 128. Sobre la importancia de la organización del trabajo y del mercado de trabajo en la reproducción de ‘mitos’ en torno de los trabajadores en la minería africana, véase Michael Burawoy, El consentimiento en la producción, 1989, pp. 250 y ss. []

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