Los trabajos de excavación arqueológica realizados en Tula, dirigidos por el arqueólogo Jorge R. Acosta desde comienzos de 1940, surgieron desde el seno del recién fundado Instituto Nacional de Antropología e Historia, y fueron impulsados por la Sociedad Mexicana de Antropología mediante la participación reflexiva de Wigberto Jiménez Moreno, Paul Kirchhoff, Ignacio Marquina, Miguel Othón de Mendizábal, Roberto Weitlaner y Alfonso Caso, entre otros. Los objetivos de estos trabajos eran investigar la correlación que podría existir entre la tradición asentada en los documentos históricos y las ruinas arqueológicas situadas al margen de la población de Tula de Allende en el estado de Hidalgo, conocidas por los residentes del lugar como El Cerro del Tesoro, un pasatiempo por la búsqueda de objetos con raíces ancestrales.
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