El presente texto analiza diversas imágenes de las piezas que hoy consideramos olmecas, creadas entre la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas de la siguiente centuria. Al haber sido producidas en o para el espacio científico, tales imágenes no se engendraron como parte de la creatividad artística subjetiva y personal, sino que se observaron y usaron como testigos objetivos —testimonios que podían fundamentar el discurso sobre el otro: la presencia de los negros en el continente, o la existencia de una cultura engendradora de la civilización mesoamericana. Así, a través de este análisis y a lo largo de un siglo, es posible observar los cambios ocurridos no sólo en el espacio estético, sino también en la narrativa histórica del México prehispánico y en los tópicos que dieron vida a la arqueología como disciplina científica.
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