Con estas ideas como telón de fondo me propongo interpretar las apariciones milagrosas como procesos de producción de significados, que el colectivo de actores (creyentes, curiosos, detractores, etcétera) va construyendo a partir de múltiples (y muchas veces contradictorios) relatos, vivencias, mensajes, visiones y sueños. La persistencia del milagro aparicionista depende de que el fragmentado espectro de expectativas, convicciones, interpretaciones e intereses de los creyentes se vaya articulando en un discurso al mismo tiempo unificador y multivocal.
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