En el mundo colonial las fiestas guardaron una gran importancia en la vida cotidiana de las ciudades y pueblos. Las fiestas del México colonial e independiente constituyen una herramienta de los grupos en el poder para legitimar el sistema vigente de dominación, reforzar el orden jerarquizado de la sociedad, brindar a los individuos una formación compartida que coincida con el proyecto de Estado, facilitando así las tareas de dominación y confirmando, con cada celebración, la permanencia inalterable de la sociedad. El contenido simbólico de la fiesta representa la forma más acabada de los poderes y el medio ideal para establecerlos, pues a través de ella se confirmaba la gran significación de la autoridad en la sociedad.
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