Regina Martínez demuestra su argumento a través de la forma en que los indígenas otomíes resignifican los espacios urbanos de Guadalajara. Hay en el libro dos virtudes importantes: una la manera original de ver a la migración como un laboratorio en el que se ponen en evidencia los mecanismos de negociación histórica, social y cultural que se materializan como significados en la definición de cultura, probablemente más en boga en la antropología moderna; y la segunda, que son pocos los textos antropológicos que describen cómo se genera la significación, y menos aún los que definen el proceso.
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