El patrimonio cultural: entre la historia y la memoria colectiva

Este escrito muestra tanto lo que comparte como lo que distingue al patrimonio cultural de la memoria colectiva, además del papel que juegan uno en relación con la otra y viceversa. Un ejemplo de ello es cuando el patrimonio —participando tanto de la historia como de la memoria— desempeña una función de mediador en la oposición que ocurre entre ambas (Nora). Asimismo, se destaca la importancia de la “memoria cultural” (Assmann) como una categoría que permite aplicar mayor profundidad al análisis del patrimonio cultural.

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La rehabilitación de plazas públicas en el siglo XXI: ¿una preocupación por el patrimonio del futuro? (El caso de la ciudad de Palenque [2003], de Ma. Estela Eguiarte Sakar)

DEBATE
La autora nos ofrece la experiencia de un proyecto de remodelación y rehabilitación de la plaza pública de Palenque. Se trata de un esfuerzo emprendido con una intención, preocupación y orientación eminentemente social. Y es sin duda un tema de sumo interés para los urbanistas, arquitectos, historiadores, sociólogos y antropólogos interesados en la problemática espacial y las transformaciones de que son objeto los espacios públicos como resultado de los procesos de modernización. El tema representa desde luego un reto, en especial cuando se considera el embate y reducción que han sufrido dichos espacios ante la creciente privatización, promovida por las políticas neoliberales de manera incisiva en las últimas dos décadas.

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El patrimonio activado. Patrimonialización y movimientos sociales en Andalucía y la ciudad de México

Quizá resulte reiterativo apuntar una vez más que el patrimonio cultural es una construcción social; sin embargo, a la vista de los discursos hegemónicos que otorgan a los bienes culturales un carácter sagrado e inmutable, parece pertinente insistir en que detrás de cada elemento patrimonial socialmente reconocido ha operado un proceso de activación que lo eleva a la categoría de símbolo colectivo, pudiendo éste representar una noción de belleza universal y permanente, un vestigio o reliquia de un pasado inalcanzable o una tradición que vincula a los vivos directamente con sus antepasados. En todos los casos al bien se le atribuye un valor intrínseco sin revelarse el proceso social que lo activó, los actores que intervinieron directamente en su reconocimiento ni las contradicciones y conflictos sociales derivados del mismo. Al final se presenta como encarnación colectiva, como imagen fija y símbolo de la identidad de un grupo que comunica una versión esencial del nosotros, ya sea para aglutinar la diversidad negando la diferencia, ser consumido como un producto atractivo por su singularidad en el mercado turístico y de ocio o actuar como instrumento de resistencia a las dinámicas globalizadoras.

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