En este artículo reviso las ideas de Andersson, en el sentido de que la brujería en ciertas partes de África es un dominio de un discurso inexorable y todopoderoso. En el caso que él estudia, la brujería es un fenómeno íntimamente relacionado con la angustia y desesperación asociadas a la gran recurrencia de sida en Zimbabwe y la falta de explicación clara de su ocurrencia para las víctimas. En Pisa Flores, uno podría argüir que no es la gran recurrencia de tales pandemias sino el florecimiento de un capitalismo salvaje, aparentemente sin reglas, y cuya proliferación encuentra ciertas regulaciones a través de normas comunitarias entre las que se encuentra la brujería. De esta manera, el recurso a lo tradicional es la única manera asequible de controlar, precisamente, lo moderno.
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