Con la paridad de género se ha evidenciado que esta visión, aunque está sustentada en lo legislativo, en lo sustantivo encuentran resistencias de distinta índole para evitar que se compartan los espacios de toma de decisiones con las mujeres. La violencia política en su contra se ha incrementado en México en la medida en que se han integrado a la esfera política en distintos niveles de gobierno, ya sea como presidentas municipales, diputadas, senadoras, entre otros. Este fenómeno que ellas enfrentan ha sido nombrado, en un primer momento, como “costos de participación”; el espacio político ha sido ocupado casi totalmente por hombres, y cuando las mujeres llegan a ocuparlo, son percibidas como transgresoras, justificándose por ello las agresiones a que son sujetas. En este artículo se retoman para su análisis dos casos ocurridos durante el actual gobierno paritario de la 4T: las “manuelitas” en Chiapas y los muxes en Oaxaca.
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